Política

Fractura en Lorica amenaza la unidad electoral rumbo a la Gobernación de Córdoba

Movimientos personalistas y disputas internas debilitan un posible bloque entre Montería, Sahagún y el Bajo Sinú, clave para definir el poder departamental.

La carrera por la Gobernación de Córdoba comienza a definirse más por rupturas internas que por discursos públicos. Una fractura política en Lorica, atribuida a decisiones personalistas y a la reaparición de viejas disputas, amenaza con desarticular el equilibrio entre los tres principales centros de poder electoral del departamento: Montería, Sahagún y el Bajo Sinú.

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En Córdoba, la disputa por la Gobernación no se resuelve en tarimas ni en narrativas emocionales, sino en la suma precisa de caudales electorales. Históricamente, el poder se concentra en tres nodos estratégicos: Montería, que aporta el mayor volumen de votantes; Sahagún, territorio tradicionalmente dominado por la casa Besaile; y Lorica, municipio bisagra del Bajo Sinú, clave para inclinar la balanza departamental.

Gobernación

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¿En manos de quién quedará la Gobernación de Córdoba?

Mientras Sahagún mantiene una estructura disciplinada y Montería distribuye su poder entre varias casas políticas, Lorica atraviesa una implosión interna que amenaza con debilitar su peso estratégico. El municipio ha oscilado en los últimos años entre el clan Jattin —hoy disminuido tras la condena por parapolítica de la excongresista Zulema Jattin y sin representación en el Congreso— y el grupo del senador Fabio Amín, que conserva el control administrativo local.

A este escenario se sumó con fuerza el exdiputado Jairo López Saleme, quien rompió el monopolio de los clanes tradicionales al demostrar capacidad real de movilización, aportando más de seis mil votos en las últimas elecciones. Su irrupción consolidó a la tercería como un actor decisivo en la reconfiguración política del Bajo Sinú.

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Sin embargo, lejos de propiciar acuerdos estratégicos, el escenario se ha tensionado por una ofensiva política impulsada por Zulema Jattin, quien busca retomar protagonismo y potenciar la aspiración al Senado de Edgardo Espitia. Según fuentes políticas de la región, esta estrategia se ha traducido en ataques directos a liderazgos del liberalismo que responde a Fabio Amín y, más recientemente, a estructuras cercanas a Jairo López.

Fabio Amín
Imagen – senador Fabio Amín

Analistas consultados coinciden en que esta dinámica no construye alianzas ni fortalece proyectos colectivos, sino que acelera la fragmentación del poder local. En términos electorales, la demolición de puentes entre fuerzas afines podría derivar en aislamiento político, fuga de liderazgos y pérdida de viabilidad para disputar escenarios mayores como la Gobernación.

Entre tanto, Jairo López avanza con cautela hacia una posible candidatura a la Asamblea Departamental y sostiene diálogos para reordenar fuerzas en el Bajo Sinú, mientras Fabio Amín administra su capital político a la espera de un reacomodo que, según su entorno, podría darse por desgaste natural de los actores que hoy tensan el tablero.

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Lo que está en juego no es una disputa local menor, sino la posibilidad —cada vez más lejana— de articular a Montería, Sahagún y Lorica como un bloque capaz de definir el rumbo del departamento. En un escenario donde las diferencias son gestionables, la fractura interna emerge como el mayor riesgo. Cuando la política se conduce desde la urgencia personal y no desde la arquitectura del poder, la derrota deja de ser accidental y se convierte en una implosión anunciada.

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