Opinión

LA GENTE EN MONTERÍA NO VIVE, LA GENTE SOBREVIVE

Por: Fredy Sánchez

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Aquí hay tierra, hay ubicación, hay con qué crecer. Pero la gente sigue en las mismas. Sin oportunidades reales. Y ahí es donde uno entiende algo: el problema no es lo que tenemos… es lo que estamos haciendo con eso.

Porque hay que decirlo claro: en Montería la gente no está viviendo… está sobreviviendo. Y lo más grave es que ya lo normalizamos. Nos acostumbramos a que trabajar todo el día no alcance, a que el esfuerzo no se traduzca en progreso y a que vivir al día sea parte de la vida. Pero eso no puede seguir siendo normal.

Aquí se habla mucho de empleo, pero en la calle la realidad es otra. La mayoría de la gente vive del rebusque, de lo que salga. Mototaxistas, vendedores informales, jóvenes sin oportunidades claras. Gente que trabaja, que se esfuerza, pero que no logra avanzar. Por eso el problema no es solo el empleo… es que la gente no progresa.

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Y eso no es casualidad. Es el resultado de una ciudad que creció sin orden y de una economía que nunca se organizó para incluir a la mayoría. Hoy, cerca del 70% de las personas ocupadas en Montería están en la informalidad. Es decir, miles de familias sin estabilidad, sin garantías y sin una base real para construir futuro. En Montería hay gente que trabaja todos los días… pero sigue igual.

Y mientras tanto, seguimos diciendo que la ciudad avanza. Pero la pregunta es inevitable: ¿avanza para quién? Porque lo que se escucha en la calle es otra cosa. La gente siente que la ciudad crece, pero que ese crecimiento no les llega. Y cuando una ciudad avanza dejando a su gente atrás, eso no es desarrollo. Eso es desconexión.

Lo más preocupante es que no es por falta de potencial. Montería tiene una enorme capacidad productiva, especialmente en el campo. Más del 70% de su territorio es apto para la agricultura, con condiciones privilegiadas frente a muchos países del mundo. Sin embargo, gran parte de ese suelo se utiliza en actividades que generan poco empleo y bajo valor económico. Mientras una hectárea en actividades agroindustriales puede generar varias veces más ingresos y empleo, seguimos atrapados en un modelo que no está pensado para que la mayoría progrese.

Entonces el problema no es la falta de recursos. Es la falta de dirección.

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No podemos seguir enfrentando los problemas de hoy con las mismas ideas de siempre. No podemos seguir administrando una ciudad donde la informalidad es la regla y donde cada vez más personas sienten que el sistema no es para ellas. Porque así, lo único que estamos haciendo es perpetuar una realidad donde unos pocos avanzan y la mayoría sobrevive.

Montería necesita ordenar su economía, abrir oportunidades reales y empezar a incluir a quienes hoy están por fuera. Necesita tomar decisiones de fondo, aunque sean incómodas, para que el progreso deje de ser un privilegio y se convierta en una posibilidad para la mayoría.

Porque si no cambiamos el rumbo, vamos a seguir en lo mismo: una ciudad que crece… mientras su gente se queda atrás.

Y eso, simplemente, no puede seguir pasando.

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