Política

¿Dónde están los votos de Angelica Verbel?

El mensaje cayó como baldado de agua fría en la política cordobesa. Iván Cepeda Castro no llegó a aplaudir liderazgos ni a repartir avales simbólicos: dejó claro que aquí manda el voto. Sin rodeos, marcó una línea que incomoda a más de uno: el poder no se hereda ni se asigna desde oficinas, se gana en las urnas.

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Ese remezón ya empieza a mover fichas. En ese tablero, Luis Fernando Ballesteros sale bien parado. Su curul no es producto de acuerdos bajo la mesa ni de padrinazgos políticos, sino de votos contados uno a uno. Esa legitimidad hoy lo pone como pieza clave dentro del proyecto que Cepeda quiere consolidar en Córdoba.

Pero no todos quedan bien en la foto. Del otro lado aparece Angélica Verbel, con influencia en entidades como el SENA, el ICBF o el Ministerio del Trabajo, pero sin respaldo en las urnas. Y ahí es donde duele: visibilidad no es lo mismo que votos, y en política esa diferencia pesa.

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Cepeda fue directo, sin matices: quien quiera jugar en las grandes ligas de un eventual gobierno tendrá que demostrarlo con resultados electorales. La pregunta que empieza a sonar en corrillos y reuniones políticas es incómoda y repetitiva: ¿dónde están los votos de Verbel? Su historial, hasta ahora, no le alcanza para responder.

Lo que viene es una depuración sin anestesia. Córdoba entra en una etapa donde el “poder prestado” pierde terreno frente al respaldo ciudadano real. La política deja de ser un asunto de cercanías y vuelve a lo básico: votos, calle y legitimidad. Y en ese nuevo juego, más de uno tendrá que demostrar si realmente pesa… o si solo ocupaba espacio.

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