Dos formas de alcanzar el éxito en la vida: el engaño o el trabajo
Por :Ciro de León
En cierta ocasión, un paisano de Ciénaga de Oro me dijo que el hombre más grande que había dado nuestro municipio era Gustavo Petro. Y, para rematar, me aseguró que yo no era nadie y que no había alcanzado absolutamente nada en la vida.
Hoy quiero responderle a aquel paisano, que entonces estaba engañado y que me imagino que, a estas alturas, debe estar desengañado.
Existen dos caminos muy diferentes para alcanzar logros materiales en la vida: uno basado en el engaño y la apropiación de la riqueza ajena, y otro fundamentado en el trabajo, el conocimiento y la creación de bienes para satisfacer las necesidades de los demás.
El primero consiste en utilizar el discurso y las habilidades humanas para manipular, engañar y obtener beneficios del esfuerzo de otros. Quien escoge ese camino puede alcanzar poder, fama y grandes fortunas. Incluso puede engañar a muchos durante mucho tiempo. Pero el tiempo, que es el juez más implacable de la conducta humana, termina revelando la verdadera naturaleza de sus logros
El segundo camino es menos espectacular, menos ruidoso y posiblemente menos reconocido, pero es mucho más noble, racional y sostenible.
Es el camino de quien dedica su capital humano al trabajo productivo, a transformar competitivamente los recursos que ofrece la naturaleza en bienes para satisfacer las necesidades de otros, sembrar
En mi caso, he dedicado buena parte de mi vida a algo tan sencillo y extraordinario como transformar la energía del sol, mediante la tierra, el agua y los árboles, en frutos que alimentan, generan riqueza y contribuyen al bienestar de la sociedad,
Sembrar árboles quizá no produce los aplausos de las multitudes ni las grandes manifestaciones del poder político. Pero produce algo mucho más valioso: riqueza legítima, independencia, dignidad y tranquilidad de conciencia.
Al final de la vida, los resultados de este segundo camino pueden parecer modestos frente a las grandes fortunas robadas y al poder de algunos personajes públicos. Sin embargo, se manifiestan en una familia bien conformada, un patrimonio físico obtenido honestamente, sobre todo, una vejez tranquila, sin tener que esconder el origen de lo conseguido.
La verdadera grandeza de un hombre no se mide por el poder que haya acumulado, por los cargos que haya ocupado ni por la cantidad de personas que haya engañado. Se mide por el valor que haya creado, por el bien que haya hecho y por la dignidad con la que haya vivido.
Por eso, a aquel paisano de Ciénaga de Oro le respondo hoy: Compare los dos finales. El primero, desprestigio, droga, degenere, engaño; el segundo, reconocimiento, cero drogas, hogar ejemplar con hijos ejemplares sin engañar a nadie.
Porque hay una diferencia fundamental entre vivir del esfuerzo ajeno y vivir creando riqueza con el esfuerzo propio.
Y cuando el tiempo haya borrado los aplausos, los discursos y los cargos públicos, los árboles sembrados por Ciro seguirán dando frutos.