Posesión presidencial: inicio del cuatrienio
Por : Por Angela Anaya Anichiarico
En sus marcas, listos, ya: Presupuesto 2027 y Plan de Desarrollo 2026-2030
Este viernes 7 de agosto Colombia estrena gobierno. Abelardo de la Espriella se posesiona como el presidente número 43 de la República, en una ceremonia que se aparta de la tradición. La Constitución, en su artículo 192, establece que el juramento presidencial se toma ante el Congreso, y el escenario natural para ello ha sido siempre la Plaza de Bolívar, frente al Capitolio Nacional, en Bogotá. Esta vez, de manera excepcional, el propio Congreso se traslada a Cali y el acto se realizará en la Arena USC de la Universidad Santiago de Cali, con la presencia de mandatarios y delegaciones internacionales. Junto a De la Espriella asume la vicepresidencia José Manuel Restrepo, economista y compañero de fórmula desde la campaña.
El nuevo mandatario llega acompañado de un gabinete de 18 ministros —nueve hombres y nueve mujeres—, con perfiles que combinan experiencia política, técnica y académica. En el centro de la administración quedan Rodrigo Lara Restrepo en el Ministerio del Interior, el economista Miguel Gómez Martínez en Hacienda y Crédito Público, el canciller Omar Bula Escobar en Relaciones Exteriores y el general en retiro Jorge Eduardo Mora en Defensa. A ellos se suman, entre otros, Viviane Morales en Educación, Elsa Noguera en Transporte, Ana María Vesga en Salud, Iván Cancino en Justicia y Natalia López Fuentes en Trabajo entre otros. Este equipo será el responsable de ejecutar, desde el primer día, la hoja de ruta del gobierno entrante bajo el programa denominado “Patria Milagro”. Todos los ojos, nacionales e internacionales, estarán puestos en el discurso de posesión del presidente Abelardo de la Espriella.
Dos proyectos que marcan el semestre
Más allá del protocolo de la posesión, lo que definirá el rumbo real del cuatrienio son dos instrumentos que ya están sobre la mesa del Congreso y que concentrarán la atención tanto del Ejecutivo como del Legislativo en los próximos meses: el Presupuesto General de la Nación (PGN) 2027 y el Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2026-2030.
1. El Presupuesto General de la Nación 2027
El presupuesto para 2027 fue radicado por el gobierno saliente el pasado 29 de julio, por un valor de $575,6 billones, equivalente al 27 % del PIB del país. Medios de comunicación, editorialistas y analistas económicos coinciden en un mismo diagnóstico: se trata de un presupuesto desfinanciado. El propio texto del proyecto reconoce que, del monto total, cerca de $30,2 billones (1,4 % del PIB) corresponden a ingresos contingentes que todavía no cuentan con una fuente de financiación aprobada, y que dependen de que el Congreso apruebe una ley adicional de recursos.
La Contraloría General de la República, en su revisión del 3 de agosto, confirmó esa brecha de $30,2 billones y pidió tanto al Gobierno como al Congreso trabajar para que cada apropiación cuente con una fuente clara de financiación o, en su defecto, ajustar los gastos previstos, ante el riesgo que representa para la sostenibilidad fiscal. El calendario legal, entre tanto, no da tregua: las comisiones económicas debían revisar el proyecto antes del 15 de agosto, el monto total debe quedar aprobado antes del 15 de septiembre, y el trámite completo debe cerrarse a más tardar el 20 de octubre. Si el Congreso NO cumple esos plazos, entra a regir automáticamente el proyecto radicado por el Gobierno, tal como lo establece el Estatuto Orgánico del Presupuesto.
Vale la pena subrayar un dato que no siempre se explica con claridad: aunque el proyecto de presupuesto lo radica el gobierno que se va, su estudio, ajuste y aprobación quedan enteramente en manos del gobierno que llega. En la práctica, es el primer gran examen fiscal del nuevo Ejecutivo, apenas unos días después de tomar posesión.
2. El Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2026-2030
El segundo gran proyecto, tanto o más determinante que el presupuesto, es el Plan Nacional de Desarrollo que el nuevo Gobierno deberá formular y radicar ante el Congreso en los próximos meses, y que traducirá en política pública el programa “Patria Milagro”. Desde antes de posesionarse, el presidente electo inició visitas territoriales a distintos departamentos y sostuvo reuniones con mandatarios locales para recoger de viva voz los proyectos estratégicos y las necesidades prioritarias de cada región. Esa ruta de participación ciudadana y escucha activa se extenderá en los próximos meses a los 32 departamentos y los 1.104 municipios del país, en la fase de construcción de las bases del plan.
Aunque el documento oficial del PND aún no existe, las propuestas de campaña y los primeros anuncios del presidente y del vicepresidente permiten anticipar hacia dónde apuntarán sus grandes líneas. En materia de seguridad, se espera un énfasis en la recuperación del control estatal en zonas con presencia de grupos armados, el incremento del pie de fuerza y el fortalecimiento de la inteligencia militar y policial, apoyado en tecnología, drones y el ya anunciado Plan Colombia 2.0, con Estados Unidos como socio central de cooperación.
En el frente económico, el plan apuntaría a la reducción de impuestos empresariales, la simplificación tributaria, la eliminación de trámites y la atracción de inversión extranjera, con la meta declarada de crecer entre el 6 % y el 7 % anual —muy por encima del promedio histórico del país, cercano al 3 %—, crear tres millones de empleos y reducir la pobreza en un 20 %. Ese impulso económico vendría acompañado de un Estado más pequeño: fusión de ministerios, reducción de entidades, digitalización de procesos y austeridad administrativa, probablemente como uno de los capítulos fiscales del plan. Y, dado el elevado déficit heredado, es previsible que el equilibrio macroeconómico —disciplina fiscal, revisión de subsidios y control del endeudamiento— sea otro de sus ejes centrales.
A ello se sumarían apuestas en infraestructura y logística (vías, puertos, aeropuertos y alianzas público-privadas), descentralización con mayor autonomía para gobernadores y alcaldes, formalización laboral y fortalecimiento de las mipymes, continuidad de la exploración de petróleo y gas junto con la lucha contra la minería ilegal, y programas en agro, educación, salud y justicia orientados a la tecnificación del campo, el bilingüismo, la sostenibilidad de las EPS y la modernización judicial. En el plano internacional, se anticipa un fortalecimiento de las relaciones con Estados Unidos e Israel, y en lo social, un mayor peso de la política de familia e infancia.
Desde una perspectiva de planeación pública, se prospecta que las bases del PND terminen organizándose alrededor de cinco grandes transformaciones, que resumo en el siguiente cuadro:
Transformación Posibles líneas de acción
Seguridad y Estado Seguridad, justicia, defensa y recuperación del control territorial.
Crecimiento económico Empresa, empleo, inversión extranjera y competitividad.
Estado eficiente Reforma institucional, austeridad y digitalización.
Desarrollo territorial Infraestructura, descentralización y conectividad.
Eje Social y de Capital humano Educación, salud, familia, deporte y cultura.
Intersección entre Presupuesto y Plan de Desarrollo: el verdadero reto
Como economista, la lectura de estos dos instrumentos es clara: el Presupuesto 2027 es la caja de herramientas de corto plazo —de dónde sale la plata y a dónde va en el próximo año fiscal—, mientras que el Plan Nacional de Desarrollo es la carta de navegación de los cuatro años. Ambos deben ser coherentes entre sí, y su discusión conjunta en el Congreso, en medio del empalme de gobierno, será la primera prueba real de gobernabilidad del nuevo mandatario.
En sus marcas, listos, ya: con la posesión del 7 de agosto arranca el reloj de un cuatrienio en el que la letra menuda del presupuesto y del plan de desarrollo pesará tanto como los discursos del día de la ceremonia.
Y ahí queda planteada la pregunta que debería acompañar a cada colombiano durante estos cuatro años:
¿Cómo se financiará el nuevo gobierno con metas y un plan ambicioso, que propone crecer al doble del ritmo histórico del país y, al mismo tiempo, reducir impuestos y achicar el Estado, si el propio presupuesto con el que arranca el Gobierno ya llega con un hueco de más de 30 billones de pesos sin resolver?
Las cifras, el estudio responsable y las soluciones viables y certeras y la cohesión Ejecutivo- legislativo serán las que respondan estas preguntas.