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¿Cerebros en “piloto automático”? El riesgo de perder el sentido de orientación por el GPS

El hábito de abrir GPS como Waze o Google Maps para ir incluso a lugares que ya conocemos está transformando nuestra relación con el entorno. Según un reciente estudio de la Universidad de San Buenaventura, en Bogotá, esta dependencia tecnológica no es inofensiva; en realidad, podría estar debilitando nuestra memoria espacial, esa capacidad natural que tenemos para reconocer rutas y tomar decisiones rápidas mientras nos movemos por la ciudad.

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GPS

La investigación, liderada por el programa de Psicología, advierte que la memoria espacial es la encargada de registrar y recuperar datos sobre nuestro camino. Al dejar que una aplicación haga todo el trabajo, dejamos de estimular esta función cerebral. Esto significa que, con el tiempo, nos volvemos menos capaces de adaptarnos a cambios inesperados en la vía o de ubicarnos si llegamos a quedarnos sin señal o batería en el celular.

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En riesgo de perder el sentido de orientación por el uso del GPS

De acuerdo con la docente Silvana Claro La Rotta, el GPS funciona como un sistema de navegación interna que se fortalece con la práctica. Sin embargo, el uso prolongado de estas herramientas digitales estaría frenando la creación de mapas mentales propios. Al no esforzarnos por memorizar puntos de referencia o cruces clave, nuestro cerebro pierde el entrenamiento necesario para entender el espacio físico de manera independiente.

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Este fenómeno plantea un reto para los ciudadanos en un mundo cada vez más digitalizado. Si bien las plataformas de navegación son útiles para evitar el tráfico, el estudio sugiere que alternar su uso con la orientación tradicional podría ayudar a mantener activo nuestro cerebro. Al final del día, se trata de no permitir que la tecnología termine reemplazando habilidades humanas básicas que son fundamentales para nuestra autonomía en el día a día.

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