Opinión

RTVC: cuando resurge la señal de la patria, renace el compromiso con Colombia

Por: Sofía Esteban de León

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Hay anuncios que trascienden el acto que los origina y se convierten en una invitación a reflexionar sobre el país que queremos construir. El anuncio del presidente Abelardo de la Espriella sobre el resurgir de RTVC, bajo la consigna “la señal de la patria”, es uno de ellos. No se trata solamente de recuperar un nombre que hace parte de la memoria audiovisual colombiana, sino de abrir una nueva etapa para los medios públicos, con una misión que debe estar a la altura de la historia, la diversidad y las expectativas de los ciudadanos.

La televisión y la radio han acompañado durante décadas la vida de millones de colombianos. Han entrado a los hogares, contado nuestras transformaciones, narrado las hazañas deportivas, difundido nuestras expresiones culturales y han preservado acontecimientos que hoy forman parte de la memoria colectiva. Por eso, hablar del resurgir de RTVC es hablar también de la posibilidad de recuperar espacios de encuentro en una sociedad que necesita escucharse, reconocerse y comprenderse más allá de sus diferencias.

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El presidente De La Espriella planteó que esta nueva etapa debe representar una transformación de fondo y no limitarse a un cambio de nombre. Ese es, precisamente, el punto central del desafío: convertir el anuncio en resultados concretos, capaces de demostrar que los medios públicos pueden renovarse, fortalecer su calidad y responder con mayor eficacia a las necesidades de la ciudadanía. La noticia y el discurso presidencial marcan el comienzo de esa apuesta; su verdadero alcance dependerá de lo que ocurra a partir de ahora.

Como profesional en comunicaciones, considero que el valor de una iniciativa de esta naturaleza debe medirse por su capacidad de fortalecer el servicio público de la comunicación. Los medios estatales tienen una responsabilidad especial porque su razón de ser no puede reducirse a las prioridades de una administración. Su misión debe permanecer por encima de las coyunturas políticas y responder al interés general.

RTVC debe ser un espacio para informar con rigor, educar con responsabilidad, entretener con calidad y dar visibilidad a una Colombia que no se expresa con una sola voz. Un país de regiones, culturas, acentos, generaciones y realidades distintas necesita medios capaces de reflejar esa riqueza sin excluir a nadie. La televisión pública no puede ser patrimonio de una ideología, de un partido ni de un gobierno; debe ser una plataforma de encuentro para todos los colombianos.

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En este contexto, resulta fundamental la reflexión sobre el papel de los medios en la formación de niños y jóvenes. La televisión pública debe ofrecer contenidos pertinentes, educativos y adecuados para cada audiencia, sin renunciar a su deber de promover el pensamiento crítico y el respeto por la dignidad humana. Educar no es imponer una manera de pensar, así como informar tampoco significa convertir una posición particular en verdad absoluta. La responsabilidad editorial exige equilibrio, contexto y apertura al diálogo.

Por eso, la transformación anunciada debe estar acompañada de principios claros: independencia periodística, pluralidad de voces, transparencia administrativa y respeto por la libertad de expresión. La diversidad no debe ser un simple concepto incorporado a los discursos institucionales; debe reflejarse en las decisiones editoriales, en la programación y en las oportunidades que se ofrecen a los creadores, periodistas y productores de las distintas regiones del país.

Igualmente es importante reconocer el potencial de cada plataforma del sistema. Señal Colombia puede seguir fortaleciendo la producción nacional, la cultura, el cine, el deporte y los contenidos educativos. Canal Institucional tiene la oportunidad de acercar el Estado a los ciudadanos y explicar, de manera sencilla, sus derechos y los servicios públicos. Radio Nacional de Colombia puede continuar llevando las voces de los territorios a los escenarios nacionales, mientras Radiónica abre caminos para los nuevos talentos musicales. Señal Memoria y RTVCPlay, por su parte, tienen la responsabilidad de preservar nuestro patrimonio audiovisual y ampliar el acceso a las historias que han contribuido a definirnos como nación. Estas son algunas de las líneas de trabajo anunciadas para la nueva etapa.

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Ahora bien, toda renovación institucional exige responsabilidad en el manejo de los recursos públicos. Las revisiones administrativas y contractuales que se han anunciado deben desarrollarse con rigor, transparencia y respeto por el debido proceso. Las denuncias o posibles irregularidades deben investigarse y sus resultados ponerse en conocimiento de la ciudadanía, sin anticipar culpabilidades ni reemplazar el trabajo de los organismos competentes. La confianza pública se fortalece con pruebas, actuaciones oportunas y rendición de cuentas.

De igual manera, garantizar la operación de las emisoras y los canales, cumplir las obligaciones laborales y proteger la infraestructura técnica debe ocupar un lugar prioritario. No hay transformación sostenible si no existen condiciones para que los medios funcionen, sus trabajadores desarrollen su labor y las audiencias reciban contenidos de manera continua y con estándares de calidad.

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El regreso de RTVC también plantea una oportunidad para fortalecer la presencia del Estado en los territorios. Colombia no termina en las grandes capitales. En sus municipios, corregimientos y comunidades rurales existen historias, artistas, investigadores, iniciativas ciudadanas y expresiones culturales que merecen ser contadas. Una señal verdaderamente nacional es aquella que no solo transmite desde el centro, sino que escucha desde las regiones y reconoce que el país también se construye desde sus periferias.

El reto, entonces, es convertir la memoria en futuro y la identidad en una propuesta de servicio. Recuperar lo que hizo historia no significa quedarse en la nostalgia, sino aprovechar ese legado para construir contenidos capaces de dialogar con las nuevas generaciones, las tecnologías y las formas contemporáneas de informarse y participar.

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El resurgir de la señal de la patria será trascendente si consigue que los colombianos vuelvan a encontrar en sus medios públicos información confiable, historias que los representen, cultura que los enriquezca y espacios donde las diferencias puedan convivir sin convertirse en motivo de exclusión.

RTVC tiene ante sí una oportunidad que va más allá de una nueva etapa institucional: demostrar que los medios públicos pueden ser modernos sin perder su memoria, plurales sin renunciar al rigor y cercanos al Gobierno sin dejar de servirle a la ciudadanía.

Porque la señal de la patria no se enciende únicamente con luces, nombres o anuncios oficiales. Se mantiene viva con periodismo responsable, independencia, creatividad, transparencia y respeto por quienes están al otro lado de la pantalla o del receptor de radio.

Ese será el verdadero significado de su resurgir: que Colombia pueda verse, escucharse y reconocerse en sus medios públicos, con la certeza de que esa señal nos pertenece a todos.

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