La viralidad se ha convertido en una fuerza capaz de imponer tendencias, dictar conversaciones y seducir incluso a ciertos medios de comunicación que, en su afán por conquistar seguidores y acumular visualizaciones, han terminado sacrificando parte de su esencia. La vieja carrera por dar la chiva primero, aquella que antes distinguía la agilidad periodística, hoy parece haberse desbordado: importa más llegar antes que contar bien, más el ruido que la verdad, más el clic que la certeza. Y en esa carrera vertiginosa, no todo lo que se vuelve viral resiste el peso de la comprobación ni supera la prueba del rigor periodístico.
Entre la urgencia de publicar y la ansiedad por multiplicar los likes, la buena escritura, la verificación de las fuentes y la responsabilidad de informar corren el riesgo de quedar relegadas al olvido. Todavía existen medios que se resisten a navegar esa corriente efímera y comprenden que la credibilidad no se construye con cifras fugaces, sino con la confianza de sus lectores. Porque llegará el momento en que el ruido se apague, las tendencias se desvanezcan y, en medio de la confusión, la gente vuelva a buscar una voz confiable. Entonces se sabrá quiénes persiguieron la viralidad y quiénes, aun a contracorriente, eligieron permanecer del lado de la verdad.
Los consumidores no son bobos; ellos van por el morbo, por el amarillismo, por la tendencia, lo que erupciona en la viralidad momentánea. Sucede como al fumador: sabe que le hace daño, pero sigue fumando por mero placer y gustadera. Entonces, el día que se enferma, busca al médico para que le diga lo que él ya sabe… tiene que dejar de fumar. Lo mismo sucede al que, en medio de abultamiento de información, va a aquellos medios serios para constatar si la información que le interesa es real o viral. Ahora surge un mayor problema, la inteligencia artificial, que se está apoderando de todo y las personas comparten dando credibilidad a todo lo que la IA está creando. Busquen medios serios y periodistas serios, dejen el morbo, sigan medios creíbles para estar bien informados; la viralidad no puede seguirse tragando el buen periodismo.
Talento o viralidad
Hoy, en las aguas del llamado periodismo, navegan creadores de contenido, influencers y activistas que han tejido comunidades multitudinarias alrededor del entretenimiento y otros intereses. De pronto, un día cualquiera, cambian el rumbo y se proclaman periodistas. Respaldados por el músculo de sus redes, comienzan a difundir noticias que, aunque envueltas en una edición impecable y atractiva, muchas veces naufragan en lo esencial: la veracidad, el rigor y la credibilidad. Mientras tanto, hay periodistas y comunicadores que han dedicado años a estudiar el oficio, que investigan, contrastan fuentes y comprenden que informar no consiste en perseguir el eco de lo viral, sino en buscar la verdad entre el ruido. En medio de este océano de contenidos, el desafío también está en saber elegir: reconocer las voces que merecen ser escuchadas, seguirlas y consumir una información que no solo atraiga miradas, sino que resista el peso de los hechos.
Algo muy similar está sucediendo con las casas editoriales, donde han encontrado en youtubers e influencers una mina de oro. Personajes que tienen más de cien mil seguidores, cualquier día comienzan a escribir un diario de su productiva vida, buscan un buen editor para que esos retazos escritos se conviertan en un libro. La casa editorial ve un potencial de venta, mas no de talento, y les promocionan el libro. Aquí viene una fórmula ganadora: el nicho poblacional del influencer más la estrategia de marketing de la editorial les permite abarcar varios públicos que terminan convirtiéndose en ventas exitosas.
Este fenómeno ha graduado a muchos seudoescritores de bestseller; son los que llenan auditorios de las ferias de libros y los corretean en los pasillos como estrellas de farándula anglosajona. Mientras que otros que se trasnochan gozan de formación y genialidad para plasmar historias, que demoran meses para construir un capítulo letra por letra, que al tiempo leen vorazmente para nutrir los conocimientos y tener referentes literarios que les ayuden a edificar una mejor narrativa… ni siquiera les leen la primera página para ser evaluados si se les imprime el libro en las editoriales.
No estoy en contra de los influencers o youtubers que quieren escribir, que ojalá escriban y no manden hacer el libro; no, no se pueden desconocer las nuevas narrativas y cómo llegarle a un público joven que cada vez lee menos. Ellos tienen todo el derecho de usar su potencial virtual para los proyectos que deseen. Mi cuestionamiento viene a las editoriales, de evidenciar que cada día buscan menos talento creativo literario (aunque no lo reconozcan) y su mirada está centrada en el signo peso. Y sí, las editoriales son empresas lucrativas, no son casas de beneficencia, son un negocio que debe sostenerse y adquirir ganancias; eso es entendible, pero pienso muy particularmente que no deben dejarse secuestrar por el fenómeno de la viralidad y menospreciar el verdadero talento.
Por otro lado, veo otros creadores de contenido que están utilizando plataformas digitales e inteligencia artificial para contar buenas historias, divulgar información cultural de forma atractiva, ganando público joven con informaciones que adquieren de investigaciones hechas por ellos o por reconocidos investigadores. Es una estrategia fabulosa estar a la vanguardia con argumentos y bases sólidas en la veracidad de los hechos.
Todos estos temas han sido abordados en “Un Río de Libros”, la feria del libro de Montería que llega a su onceava versión con una amalgama de temas variados para todo tipo de públicos y edades, una feria cada vez mejor pensada y construida, una vitrina de la capital cordobesa donde hemos demostrado que no solo somos ganadería; aquí hay un potencial cultural y creativo que se expande y construye nuevos públicos. Música, literatura, gastronomía, medicina, deporte, tecnología, entre otros temas, son abordados en la mejor feria del libro de la costa norte colombiana.
Que aflore el talento y prepondere ante la viralidad que consume nuestra sociedad. No podemos dejar que todo se construya en la efímera tendencia, porque la tendencia es solo presente, no piensa en el mañana, construye futuro.
Buen viento, buen mar
#chn26viralidad