Opinión

¿MURIÓ LA ESPERANZA?

Por: Julio Manzur Abdala

Soy Julio Manzur Abdala, me la juego en defensa de mi selección, sí, esa selección que nos hizo gritar, pujar, sonreír, abrazarnos, brindar y tantas cosas más y que me lleva a decir, no, la esperanza no ha muerto, ni siquiera se encuentra en clínica para recuperación, por lo menos la mía, mi esperanza, sigue viva, fecunda para procrear más esperanza.

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Ayer, silenciaron mis gritos, eso sí fue cierto, me recortaron mis alas de hincha, mis crecidas alas de amante que lleva alegría a nuestra Selección, alas que volverán a crecer más largas, más anchas, más poderosas… vale contarles a mis lectores, lo siguiente: al tiempo que los valientes jugadores iban venciendo a cada contendor en las canchas, mis alas crecían, se fortalecían y me mostraban el camino de los sueños, era un sendero estrecho y con espinas que cortaban la piel y la sangre en vez de caer a los pies de los jugadores, inundaba los pulmones de aquellos jóvenes titanes; el futbol se sintió como un deporte de machos, de honor, de grandeza.

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Imagen redes – Selección Colombia Tricolor

El dolor de la derrota no me deja describir lo que yo deseo decir, por ejemplo, fueron los 11 hombres, nuestros héroes en medio del dolor que hoy reina en la patria, fueron ellos los mensajeros de paz, que nos unieron en un solo e inconmensurable abrazo a todos los colombianos, negros, indios, blancos, hombres, mujeres y hasta aquellos que no desean ser ni lo uno ni lo otro, eran estrechados entre brazos. Todos estábamos unidos a la voz de Colombia con la pelota en juego.

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Nos llegó la hora de perder y perdimos, ahí estuvieron implicados el travesaño y el futbolista, el arquero de Suiza y otro coequipero, el arco que se nos cerró, las oportunidades que desperdiciamos ahogando el anhelo de el gran grito del alma: Goooolllllll, goooool, gooooolll de Colombia.
Hice fuerza para llorar, no lo logré, pudo más el estar convencido que se entregó todo con coraje, con los deseos del corazón, con el sudor derramado sobre la hierba. Ácido debía ser el llanto de mis ojos, por eso no derramé ni una gota de lágrima, hoy, los que hablan mal de nuestro equipo no me permitieron llorar, estoy enojado, soy más fuerte que esos desalmados comentarios con los que tratan de reducir a cenizas todo el esfuerzo de nuestra Selección, toda la fuerza que el país hizo por nuestros triunfos.

¿MURIÓ LA ESPERANZA?

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No es cierto que se creían invencibles, que no resistieron el cariño de los 50 millones de colombianos, no es cierto que se sentían los dueños del balón ni de la gloria que genera el ser campeón en un Mundial de fútbol, en modo silencio yo los aplaudo. Un día antes dije: necesitamos una cucharadita de suerte, pero nada, esos gramos de suerte no llegaron, nos sirvieron el café amargo y así amargo nos lo bebimos de un solo trago.

Mi pluma se ha secado por el día de hoy, mi sueño de ver a Colombia en la final cumplió su etapa, desapareció por arte de birlibirloque, mis ojos me quedan debiendo las lágrimas, pero le creo a mi corazón cuando en un momento de dolor, que es un feliz homenaje a los valientes, grita para que todos lo escuchen: Viva la Selección Colombia, carajo.   

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#chn26esperanza

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