Caribe

Córdoba y Sucre se une para que el porro sea declarado Patrimonio Cultural de la Nación

Córdoba y Sucre comenzaron una cruzada para proteger el ritmo que ha puesto a bailar generaciones enteras y que hoy busca ser reconocido como una de las expresiones más valiosas de la identidad colombiana.

El sonido de los bombardinos, los clarinetes y los redoblantes ya no solo retumba en fandangos y fiestas patronales. Ahora también se escucha en una apuesta regional que busca que el porro sea reconocido oficialmente como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación.

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Este miércoles 20 de mayo comenzaron en Córdoba las mesas regionales que marcarán el rumbo de un proceso histórico para el Caribe colombiano. Músicos, sabedores, investigadores, gestores culturales y comunidades se sentaron a construir la hoja de ruta para proteger una tradición que durante décadas ha sobrevivido gracias al arraigo popular y al amor de los pueblos sabaneros.

porro

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La iniciativa reúne esfuerzos entre Córdoba y Sucre, dos territorios donde el porro no solo se escucha, sino que se vive en las calles, en las bandas de viento, en los bailes de fandango y en las celebraciones que pasan de generación en generación.

Más allá de ser un género musical, el proceso busca reconocer al porro como una manifestación cultural que guarda la memoria de los pueblos del Caribe. Detrás de cada interpretación hay historias familiares, compositores, artesanos que fabrican instrumentos, directores de bandas y comunidades enteras que han mantenido viva esta tradición pese al paso del tiempo.

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Desde Sucre, el proceso recoge más de cuatro décadas de trabajo alrededor de la preservación del porro, incluyendo escenarios emblemáticos como el Encuentro Nacional de Bandas de Sincelejo, considerado uno de los mayores espacios de resistencia y promoción de esta música tradicional.

La instalación de estas mesas regionales en Córdoba representa uno de los pasos más importantes para definir cómo debe protegerse esta expresión cultural y cómo puede seguir proyectándose hacia las nuevas generaciones sin perder su esencia popular.

En el Caribe, el porro no es solamente música. Es identidad, es herencia, es fiesta y también memoria colectiva. Por eso, hoy la región se mueve al mismo ritmo de una meta común: lograr que el país reconozca oficialmente una tradición que durante años ha sido el corazón sonoro de sus pueblos.

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