Opinión

¿Villa va?

Por: Orlando Benítez Quintero

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Los tiempos han cambiado. La violencia contra las mujeres ya no puede esconderse bajo el velo de lo privado, ni dejarse pasar con el viejo argumento de que “esas cosas pasan”. ONU Mujeres recuerda que la violencia contra mujeres y niñas es una de las violaciones de derechos humanos más extendidas en el mundo y que puede prevenirse si se atacan sus causas. Esa sola idea debería bastar para entender por qué el caso Sebastián Villa desborda lo futbolístico.

El técnico de la Selección Colombia, Néstor Lorenzo, claro que lo sabe. Su decisión de incluir a Villa en la prelista mundialista no es apenas una jugada táctica. Es una decisión ética, simbólica y comunicacional. Villa fue condenado en Argentina a dos años y un mes de prisión condicional por violencia de género contra Daniela Cortés, aunque también fue absuelto en otra causa distinta. Esa precisión importa: no todo es blanco o negro, pero tampoco todo se puede borrar con una frase.

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Lorenzo ha dicho que no somos quiénes para “juzgar eternamente” y que Villa está jugando y rindiendo. Tiene parte de razón. Pero un colega me lanzó una teoría interesante: ¿y si este llamado también funciona como cortina de humo para que el foco no vuelva a caer sobre el de siempre: James? En el fútbol, en la política, en la economía…, una polémica tapa otra, y la opinión pública termina hablando del lío más visible.

El mundo ya ha enfrentado dilemas parecidos. Pumas rescindió el contrato de Dani Alves tras su detención en España; Robinho terminó cumpliendo en Brasil una condena de 9 años por violación grupal; Francia apartó durante años a Karim Benzema por el caso Valbuena, y Manchester United decidió que Mason Greenwood siguiera su carrera fuera del club, pese al retiro de cargos. Matices legales distintos, pero una conclusión: clubes y selecciones ya no pueden separar el rendimiento deportivo de la conducta personal, la reputación institucional y los valores que dicen defender.

Colombia tampoco puede posar de sorprendida. Pablo Armero fue convocado después de un escándalo por violencia doméstica en Miami. Roger Martínez enfrentó líos judiciales por alimentos antes de una Copa América. No son casos equivalentes, pero sí revelan una doble moral frecuente: la vara cambia según el momento y la conveniencia.

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¿Villa tiene derecho a una segunda oportunidad? Claro que sí. Él mismo dice que viene luchando hace siete años, que ha mejorado y que sueña con jugar un Mundial. Pero esa segunda oportunidad no elimina la responsabilidad pública. Y estar en la prelista ya le otorga algo más que una ilusión: le da una posibilidad real de vestirse de amarillo en la Copa del Mundo.

Si el criterio fuera solo futbolístico, Villa no sería discutido. Pero la camiseta de Colombia no es solo un trapo. Es un símbolo. Y ahí queda el dilema: ¿la Selección debe premiar únicamente el presente deportivo o también cuidar el mensaje que les entrega a los niños y a toda una sociedad que, por fortuna, ya no quiere normalizar ciertas violencias?

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