Chef reveló lo que pagaban por platos de carne humana cuando trabajó en ‘El Bronx’
Óscar Rosas, apodado el ‘Chef del Diablo’, fue una de las personas atrapadas durante mucho tiempo en El Bronx, el lugar de venta y consumo de drogas más grande y peligroso del país, donde nunca creyó en poder escapa. Chef en importantes restaurantes estadounidenses, al final terminó preparando comida para los jefes de la banda más fuertes de esa región, la llamada “sayayines”. En una conversación con el podcast de Conducta Delictiva, recordó que cuando llegó, almorzó con 500 pesos, invitado por uno de “los duros” de la zona y, poco a poco, empezó a cocinarles y ellos quedaron encantados por sus dotes de cocina.

“Yo me gano la confianza de ellos porque ‘El Mocho’ tenía una pandilla de ladrones. Eso eran unas pirañas y era el duro de esas pandillas. Él fue el que me promocionó en el Bronx con los ‘sayayines’, ya venía con nombre, no era simplemente que llegó y se quedó. Era parte de la jauría, me identificaban con ellos, me decían el gringo”, dijo el chef. La situación se agravó cuando le solicitaron que preparara “algo especial” una noche, el cual le proporcionaron en una bolsa negra. Él no lo creyó al principio, sobre todo porque lo estaban maltratando y vio que era piel humana. Les preguntó si estaban locos y le dieron diez puntazos: “Lo cocina usted o nos lo comemos”, fue la sentencia que le dieron para seguir con vida.

“Exclamé: “Yo cocino esta joda y me voy de aquí”. Cuando voy a comenzar a cocinar, era una piel. Cuando acabé de hacer la parrillada, que fue el primer plato que preparé, me dice: “Pruebe”. Sentí ganas de vomitar y cuando estaba a punto de hacerlo, el sayayin me mordió la oreja y me advirtió que si lo hacía, iba a matarme. “Me tocó comer, no tuve el valor de dejarme matar, no pude”, dijo. Los martes y jueves, durante tres años, preparaba los “platos de blindaje”, que estaban elaborados con carne humana. Era “el chef del diablo” y aseguraban que “Satanás lo había elegido”. “Venía frecuentemente gente de Japón y Tailandia. El plato que contenía 250 gramos de carne costaba un millón de pesos. Además, existía el otro componente: el tráfico de órganos. Supe que la libra de 250 gramos estaba en un corral y costaba un millón de pesos.
