Congreso condecora a la FAO por 80 años de lucha contra el hambre en medio de alarmante inseguridad alimentaria en Colombia
En medio de una realidad que afecta a millones de colombianos 14,4 millones de personas viven inseguridad alimentaria moderada o grave, equivalentes al 27,6 % de la población el Congreso de la República entregó una de sus más altas distinciones a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

La entidad fue condecorada con la Orden de la Democracia Simón Bolívar en el grado Cruz de Comendador, en reconocimiento a sus 80 años de trabajo global y al apoyo que ha brindado al país durante más de una década en iniciativas legislativas relacionadas con el derecho a la alimentación.
El acto fue encabezado por la representante a la Cámara Ana Paola García Soto, coordinadora subregional del Frente Parlamentario de Sudamérica, quien impuso la distinción al subdirector general y representante regional de la FAO, René Orellana Halkyer, y al representante en Colombia, Agustín Zimmermann.

Durante la ceremonia, García Soto enfatizó que la condecoración “no es un acto protocolario, sino una decisión política para poner la alimentación de las personas en el centro de la agenda pública”. Además, recordó que mientras el país desperdicia cerca de 9,76 millones de toneladas de alimentos al año, millones de hogares siguen sufriendo hambre.
La representante destacó avances legislativos impulsados con el apoyo técnico de la FAO, como la inclusión del derecho a la alimentación en la Constitución, el fortalecimiento de las compras públicas a la agricultura campesina y normas para reducir pérdidas de alimentos y promover la igualdad de las mujeres rurales.

Aunque América Latina y el Caribe es la única región del mundo donde el hambre ha disminuido durante dos años consecutivos, aún 41 millones de personas la padecen. En ese contexto, García Soto hizo un llamado a transformar las leyes en acciones efectivas en los territorios:
“Permitir que un solo niño se acueste con hambre es inaceptable. Nuestra tarea es que esa injusticia deje de ser costumbre y se convierta en razón de Estado”, concluyó.