Opinión

El dinero, la llave de la democracia cordobesa

Por Efraín Sánchez.

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Empiezo diciendo que este artículo, más allá de ser una opinión es un lamento, pero también, una invitación a la reflexión, al compromiso con nuestra tierra, con nuestro departamento.

Este artículo es para aquellos llamados: “Los quemados, los ahogados, los que huelen a formol, lo que están en el río Sinú, en el río San Jorge, los que van llegando a boca de tinajones”. Para aquellos que creemos que esto se puede cambiar, aquellos que sabemos que el verdadero camino es con la ciudadanía.

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En las calles suena que todo está definido. Ya el dinero está sobre la mesa y los votos están repartidos. A esos que se creen dueños del poder y del ajedrez político, solo espero, que los jóvenes seamos el susto que provoque su olor a formol, el fuego que los haga arder y el río que los arrastre. Sé que algunos,  de esta generación, vamos a dar un golpe de sensatez en la mesa.

Estoy mamado que crean que la conciencia de los jóvenes se compra con un torneo relámpago, dos balones y unos trofeos.

Hagamos torneos, pero conversemos después. ¿Ustedes creen que hacer un partido es construir con el deporte? No, jamás, para contribuir al deporte es necesario sentarse a conversar con los jóvenes, con aquellos deportista que no han podido surgir y analizar sus causas.

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Hoy soy el loco que va de universidad en universidad, de municipio en municipio, con un termo de café, con galletas de limón, aquel que reparte gaseosa y panes después de un partido de fútbol. Quiero decirles que a este loco apenas le empiezan a brotar las ideas, pronto también seré el descerebrado de los bolis.

Por estos días es esperanzador ver a jóvenes, esos llamados “loquito”, haciendo una política tan sencilla, sin multitudes pero con una fuerza y emoción infinita. A ellos,  espero que los sigan tratando de locos, pero que continuen recorriendo el departamento, y que tengan la convicción de que así es que se hacen las cosas, que esa si es la manera. A ustedes y a Dios, mis reverencias.

Sé que todo no está perdido, por lo menos, sé que hasta que esté vivo tendré la esperanza de que todo se irá transformando, ya sea con mi termo de café, con mis galletas de limón, con la litro y los panes o con mi cava con bolis. Parece ser que el dinero tiene las llaves de la democracia en Córdoba, pero con esfuerzo cambiaré la política empleada para las juventudes en Córdoba.

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