Opinión

Escuela de Bellas Artes Francisco Zumaqué: Proyección al talento cordobés

Por: Mario Sánchez

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Hace algunos años, al inicio de un gobierno departamental, cierto gestor cultural que había apoyado la candidatura del recién posesionado mandatario, le pidió que le ayudara a trabajar como docente en la Escuela de Bellas Artes. La respuesta de aquel gobernador no pudo ser más espeluznante y decrepita; cuando sobándose la poca cabellera que le colgaba en su cabeza, dijo: “¿Y esa cagá qué es?

Los pocos asistentes que estaban en el despacho en la práctica lagartosa y de acolitamiento, buscando ganar indulgencias y acomodos, explotaron en risa. Era notorio el desconocimiento del aparato cultural que debería maniobrar. Al gestor le dieron la prestación de servicios como instructor de la escuela en retribución al apoyo de la contienda electoral que llevó a quien en ese momento ostentaba como el primer mandatario del departamento.  Solo que ese contrato no duró mucho, debido a que la escuela fue decayendo hasta desaparecer por falta de doliente.

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Aquella Escuela de Bellas Artes, fue creada en 1987 a través de Guiomar Lucia Guerra, quien dirigía el Fondo Educativo Regional (FER) en compañía de Edilma Zumaqué, Luis Smith, Mónica Garzón, Andrés Castillo, Tiburcio Romero, Soad Louis Lakah y Rebeca Cabrales Calvo, quien fue la primera directora. Como cosa rara, Soad siempre dejando su huella.

Se formaron allí en diferentes áreas muchas personas. Hoy podemos evidenciar que gran parte de los gestores y hacedores de arte de la ciudad de Montería, pasaron por sus aulas. Fueron cientos de niños y jóvenes los que aprendieron a pintar, danzar y ejecutar instrumentos, conocer de la historia del arte y actuar sobre las tablas. No solo la creatividad se incentivó en aquellos alumnos; la sensibilidad a los aspectos culturales quedó calcada en las mentes de infantes que, años después, aunque no se hayan inclinado por el camino del arte, donde estén, son permisivos a su expansión en los territorios.

Esa cagá desapareció, diría el entonces gobernante. Que, aunque no la acabó del todo, su desidia y mirada de reojo ayudaron al desvanecimiento de un proyecto tan beneficioso para jóvenes que, en el tiempo libre, en vez de coger un vicio de cualquier índole, tomaban un instrumento y reventaban notas en los pentagramas.

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Mi pasión por la cultura no viene de haber estado en Bellas Artes, pero el haber cursado piano con la maestra Edilma Zumaqué, quien aparte nos hablaba de conceptos musicales y biografías de músicos, sí me ayudó a fortalecer el gusto artístico. Deseaba que mis padres se demoraran en buscarme, o que me dieran para regresarme en taxi. Así iba pasando de salón en salón, escuchando con suma atención los saxofones o aprendiendo trazos de pintura sobre lienzo.

En buena hora, la gobernación de Córdoba, en cabeza de Erasmo Zuleta, ha recuperado la escuela. Probablemente no haya iniciado con el rigor que estaba anteriormente; se aplaude el ejercicio de retomar y rescatar algo que hacía falta en la región. El pasado viernes 31 de julio se efectuó el lanzamiento de la nueva escuela; ese mismo día se le realizó el sagrado sacramento bautismal, en medio de tambores, clarinetes y trombones, como “Escuela de Bellas Artes Francisco Zumaqué”, más que meritorio para un grande de la música colombiana, cordobés, representante de nuestro folclor con arreglos musicales que han recorrido el globo terráqueo.

La nueva escuela le apuesta a proyectar el talento cordobés, haciendo procesos de formación en crecimiento, que esa riqueza artística de las diferentes subregiones del departamento se vea reflejada en este espacio. Creo que sin duda será un laboratorio de arte y cultura, donde deben salir generaciones creativas que preponderen y sigan exponiendo nuestro patrimonio e identidad cultural.

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La siembra de capacidades se realizará en la primera fase en 12 municipios a través de 27 agrupaciones que, por convocatoria pública, podrán postularse. La escuela no solo puede asemejarse a un futuro relevo generacional; es una forma también de impulsar nuevos procesos creativos en la industria del arte.

Si bien es cierto que los gobernantes están obligados a gestionar y ejecutar en bien de los pueblos, pues para eso son elegidos, mi amigo escritor Joseph Avski recalca muchas veces que “al político no se le debe agradecer nada, es su obligación hacer bien las cosas”, pero también es cierto que en ese sentido el político puede mirar a otros frentes donde le dé prioridad, como el deporte, obras de infraestructura, la tecnología, y poco o nada a la cultura. Creo a veces que sí hay que agradecer, y recuperar una Escuela de Bellas Artes (que tan solo comienza nuevamente) es un grandioso beneficio a la sociedad que merece un agradecimiento a quienes lo lograron consolidar.

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El mismo Avski en una ocasión me dijo: “Cuando en una ciudad existan más bibliotecas que discotecas… ese día habrá una sociedad más culta e inteligente”. En Montería sobreabundan las discotecas y son pocas las bibliotecas… Miremos un poco hacia ese sector.

Al Secretario de Cultura Departamental Liam Puche y al gobernador Zuleta, en nombre de los actores culturales del departamento, les sugiero muy respetuosamente que dejen estipulada la Escuela de Bellas Artes Francisco Zumaqué como política pública o la plataforma adecuada para que no vengan nuevamente gobernantes desdichados que solo ven el progreso en el concreto y miran al arte como “esa cagá que es”.

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Buen viento, buena mar

Posdata. Qué alegría saber que la familia Alegría ya tiene $140 millones de pesos para construir la Casa Museo Marcial Alegría… el epicentro del arte primitivista en Colombia. Y es en San Sebastián… Lorica… siempre Lorica. Ya lo diría David Sánchez Juliao en una ocasión: si Juan Pablo Montoya hubiese nacido en Lorica, habría ganado la Fórmula 1.

 

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