Opinión

Orlando Medina Marsiglia: siete años al frente de la CVS; Córdoba, territorio sostenible

Por : Carlos Andrés Rodríguez Month

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A Orlando Medina Marsiglia hay que comprenderlo desde su tierra: desde Chinú, donde la memoria del Finzenú conversa con la artesanía, la música de acordeón y la palabra dicha con orgullo. Allí, entre la tradición sabanera y una comunidad que honra sus raíces, se formó el hombre que muchos reconocen no solo por los cargos que ha ocupado, sino por la manera serena y cercana con que ha servido.
Chinuano de corazón, esposo de María Consuelo Vélez del Castillo y padre orgulloso de Isabella y Estefanía, este ingeniero civil, especialista y magíster en Gerencia y Administración, encarna una forma de liderazgo basada en la vocación de entrega. Su historia nace en la tierra donde residió la señora de los zenúes, la cacica Tota; tierra de artesanos del calzado, poetas y acordeoneros que cada año celebran el mejor son de las sabanas cordobesas.

Como evoca el maestro Remberto Martínez en Versos de Oro, Chinú vive en la memoria de quienes aprendieron a amar sus raíces. De esa tierra está hecho Orlando Medina Marsiglia: de sensibilidad, carácter y palabra. Por eso, no es únicamente un gerente público; también es declamador y ganador del Oro de Guaca, el máximo galardón literario de su pueblo natal. En él cohabitan el técnico meticuloso y el hombre que entiende que las comunidades no se edifican solo con infraestructura, sino también con identidad.

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Su vida al servicio del territorio comenzó en Chinú, donde fue alcalde entre 2012 y 2015. Luego llegó a la CVS: en 2020 fue elegido por unanimidad como director general para el período 2020-2023 y, posteriormente, ratificado para el ciclo 2024-2027, en una señal clara de confianza institucional. Su mandato concluyó anticipadamente en junio de 2026, por decisión personal y con una transición ordenada.
Durante su administración, la CVS situó a Córdoba en el mapa ambiental del país. Se sembraron más de 78 millones de alevinos en ríos y ciénagas; se recuperaron más de 60 kilómetros de fuentes hídricas, en beneficio de 800.000 habitantes; se entregaron 3.727 estufas ecoeficientes a familias rurales, y se construyeron 51 pozos profundos con energía solar en zonas históricamente olvidadas. Además, la deforestación disminuyó un 59 % frente a 2022; el departamento superó las 300.000 hectáreas protegidas en el RUNAP, y 7.561 hectáreas de manglar en el corredor Bahía de Cispatá-Delta del Sinú obtuvieron certificación internacional, consolidando a Córdoba como referente mundial de carbono azul.

A ese legado se suman la primera Política Pública de Educación Ambiental del departamento y la triple certificación ISO, distinción que solo otra CAR de la Costa Caribe había alcanzado. Pero, más allá de los indicadores, lo que distingue a Orlando es su dimensión humana: el amigo que acude, el colega que orienta sin esperar retribución y el profesional que nunca olvida sus raíces.

Cuando se habla de Orlando Medina Marsiglia, no se habla solo de una gestión cumplida, sino de una vida pública con camino por recorrer. Córdoba lo conoce, Chinú lo abraza y Colombia puede encontrar en él a un servidor capaz de unir conocimiento, sensibilidad y carácter para seguir construyendo futuro. Los hombres que aman su tierra no terminan su misión cuando dejan un cargo: la prolongan cada vez que una comunidad vuelve a creer. En Orlando hay todavía mucho por entregar. Y ese porvenir, al servicio de Córdoba y de Colombia, apenas comienza.

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