Se acabó lo equívoco: el Estado vuelve a marcar la línea
Por: Sofía Esteban de León
Con la autoridad que le otorga el mandato recibido en las urnas, el presidente electo Abelardo de la Espriella comenzó a definir el rumbo de uno de los temas que más preocupa a los colombianos: la seguridad. El plazo de un mes que confirió a los grupos armados ilegales para organizar su sometimiento al Estado de Derecho no es simplemente un ultimátum; es la expresión de una forma de gobernar en la que la ley vuelve a ocupar el primer lugar.
En el discurso con el que recibió su credencial presidencial, Abelardo afirmó que asumía el mandato de los colombianos como “un mandato de esperanza” y como un llamado a liderar la reconstrucción del país. Ese mensaje cobra especial significado cuando va acompañado de decisiones que buscan restablecer la autoridad del Estado y devolver la confianza a millones de ciudadanos que durante años han esperado vivir sin el miedo impuesto por la violencia.
Dar un mes para que quienes están al margen de la ley decidan someterse no significa renunciar a la firmeza. Al contrario, significa ofrecer una última oportunidad dentro de la legalidad, dejando claro que, vencido ese plazo, será el Estado el que actúe con toda su capacidad institucional. Esa es la diferencia entre improvisar y gobernar: establecer reglas claras, tiempos definidos y consecuencias para quien decida ignorarlas.
Durante años, Colombia ha debatido cómo alcanzar la paz sin debilitar la autoridad. La respuesta no puede estar en la confrontación permanente, pero tampoco en la tolerancia, la pasividad y el aguante frente al crimen. La paz solo será sostenible cuando quienes empuñan las armas comprendan que la única salida posible es el sometimiento a la justicia y el respeto por la institucionalidad.
La gobernanza se construye con decisiones que generan confianza. Y la confianza nace cuando los ciudadanos perciben que el Estado vuelve a ejercer plenamente su autoridad, protege a las comunidades y envía un mensaje inequívoco: en Colombia la ley no negocia su legitimidad.
Los colombianos necesitamos señales de confianza, saber que el Estado mantendrá el control, que protege a sus pueblos y que no renuncia a su deber de garantizar el orden público. Esta es la esencia de una gobernanza sólida: combinar la disposición al diálogo con la capacidad de hacer cumplir la ley.
El mes de ultimátum será una prueba para los grupos armados, pero también el primer gran mensaje del gobierno que está por iniciar. Si algo dejó claro Abelardo de la Espriella en su discurso de acreditación es que la reconstrucción del país pasa por recuperar el orden, fortalecer las instituciones y hacer que el Estado vuelva a ser el único que ejerza la autoridad sobre todo el territorio nacional. ¡Dios lo permita!