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¿Qué pasa en el cuerpo de los tripulantes de Artemis II al volver del espacio?

El regreso de los astronautas de NASA Artemis II a la Tierra no solo marca el cierre de una misión histórica alrededor de la Luna, sino también el inicio de una etapa clave: la recuperación física tras varios días en microgravedad. Durante los 10 días de viaje a bordo de la cápsula Orión, los cuatro tripulantes estuvieron expuestos a un entorno donde el cuerpo deja de trabajar contra la gravedad, generando cambios en músculos, huesos y equilibrio.

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Uno de los primeros efectos al regresar será la dificultad para mantenerse de pie o caminar con normalidad. El sistema vestibular, encargado del equilibrio, debe adaptarse nuevamente al peso del cuerpo, lo que puede provocar mareos, náuseas y desorientación. A esto se suma la pérdida temporal de fuerza muscular, especialmente en piernas y espalda, debido a la falta de esfuerzo durante la misión.

La circulación sanguínea también sufre alteraciones. En microgravedad, la sangre se concentra en la parte superior del cuerpo, y al volver a la Tierra puede generar bajadas de presión, mareos o incluso desmayos, fenómeno conocido como intolerancia ortostática. Por esta razón, la agencia espacial implementó el uso de prendas de compresión para facilitar la transición durante el reingreso.

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Aunque la pérdida de densidad ósea es menor en misiones cortas, los especialistas monitorean posibles cambios en articulaciones y respuesta motora. Una vez en el océano Pacífico, la tripulación será trasladada a un buque de recuperación, donde continuará el seguimiento médico.

Tras el amerizaje, los astronautas serán sometidos de inmediato a exámenes físicos y médicos para evaluar su equilibrio, fuerza y presión arterial. Estos datos serán fundamentales para futuras misiones de larga duración, en especial aquellas que buscan llevar nuevamente al ser humano a la superficie lunar.

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