Opinión

Montería Anfibia: el arte de vivir con el río, no contra él

Por: Efraín de Jesús Hernández Buelvas

Cuando el Sinú se desborda, Montería no solo enfrenta una emergencia hídrica: revela su contradicción más honda, la ciudad fue construida sobre el río, pero lleva décadas intentando ignorarlo. Las inundaciones de febrero de 2026 que dejaron más de 200.000 damnificados en Córdoba y convirtieron barrios enteros en archipiélagos improvisados, no fueron una anomalía, solo una factura pendiente; sin embargo, el problema  rara vez se formula con precisión. El debate público se agota en señalar culpables o catalogar daños, esquivando la pregunta que verdaderamente importa: ¿qué clase de ciudad quiere ser Montería en un territorio que por naturaleza es húmedo?

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La capital cordobesa se asienta en la llanura de inundación del Sinú, uno de los ríos más caudalosos del país con precipitaciones anuales superiores a los 1.200 milímetros y frente a este volumen, ningún sistema de drenaje convencional es suficiente; de allí que, radica la trampa conceptual en la que ha caído la gestión urbana durante décadas: tratar el agua como un enemigo a expulsar, cuando la única salida viable es integrarla al sistema. El verdadero obstáculo no es el río, es el pavimento, porque cada vez que una superficie impermeable reemplaza suelo vivo, la lluvia pierde su camino natural hacia las profundidades y se convierte en torrente urbano; por tanto, en barrios como Sucre y Mocarí, las aguas pluviales no encuentran destino, solo buscan las cotas más bajas que suelen coincidir con las viviendas más precarias, en lugares donde la vulnerabilidad social e hídrica, comparten coordenadas.

Montería

Frente a este diagnóstico emerge una alternativa que ciudades como Medellín, Bogotá, Singapur y las urbes piloto del programa chino “Ciudad Esponja”, han comenzado a demostrar como resultados ante la implementación de modelos como infraestructura verde, jardines de lluvia, zanjas vegetadas, parques diseñados para retener temporalmente crecientes sin generar daño y techos verdes, no como soluciones estéticas, sino como  sistemas funcionales que devuelven al suelo urbano su capacidad de absorción, convirtiéndolo en Bayetas en lugar de escenario de catástrofe. Ante esta realidad, Montería tiene una ventaja que muchas ciudades latinoamericanas han dilapidado, aún conserva tierras planificables antes de que el concreto las clausure definitivamente, pero esa ventana, tiene fecha de vencimiento y mientras permanece abierta, persiste otro factor crítico: la ocupación informal de zonas de protección hídrica.

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Montería Anfibia

Las orillas del Sinú y sus afluentes son por definición, territorios que el río reclama en temporada de lluvias; de manera que, urbanizarlas no solo elimina los amortiguadores naturales del sistema, sino que condena a las familias más empobrecidas a vivir en el trayecto directo de las crecientes. En consecuencia, una propuesta en discusión entre técnicos regionales apunta hacia la creación de corredores hídricos integrales con franjas verdes que articulen parques lineales, ciclovías, zonas de amortiguamiento y espacios culturales a lo largo de los afluentes urbanos.

Montería

Cabe destacar que, Montería tiene además, un activo que ningún modelo hidrológico puede replicar: el conocimiento generacional de sus comunidades ribereñas, que leen los ritmos del Sinú con una precisión que los algoritmos aún no alcanzan; de modo que, la pregunta final no es técnica, es política y colectiva: ¿tiene Montería la voluntad institucional, comunitaria y ciudadana de dejar de combatir al río que la fundó y aprender de una vez, a habitarlo?

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