Opinión

Therians antes de TikTok

Por: Orlando Benítez Quintero

El mundo anda sorprendido con los therians. Que si se identifican con lobos, que si con gatos, que si con zorros. Que si es identidad, que si es moda. Y entonces aparecen los expertos, los indignados y los que no entienden nada.

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Perdón, pero en el Caribe colombiano y en las regiones de este bello país eso existe desde hace rato. Mucho antes de que la palabra therianthropy se volviera tendencia en TikTok, aquí ya convivíamos con una fauna completa en el colegio, la cuadra y la cancha. Aquí no se necesita test de personalidad: basta con que alguien haga dos cosas seguidas para que le quede un apodo de por vida. Y casi siempre… animal.

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Desde primaria conocimos al gato, al perro, al mono, al burro, al sapo. En esta región es más fácil que te llamen por un animal que por el segundo apellido.

El fútbol es la reserva natural más grande de esta tradición: la Babilla Díaz, el Gato Pérez, el Tigre Falcao, el Colibrí Borja, el Pájaro Carpintero, el Pelícano Banguero. Una biodiversidad detrás de un balón sin que nadie arme debate.

En el barrio tampoco faltaban especies: el zorro que todo lo sabía, la hormiga que trabajaba sin descanso, el caballo que cargaba con todos, el león que no le temía a nada… y sí, también una que otra rata y lagarto profesional, abundantes en ciertos ecosistemas políticos.

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Therians antes de TikTok

Ahora bien, conviene aclararlo con rigor: lo que hoy se conoce como therian no es exactamente nuestro zoológico de apodos. Según estudios sobre identidad digital y subculturas juveniles, los therians son personas que sienten una conexión simbólica o espiritual con un animal, sin necesariamente creer que son ese animal (Robertson, 2013; Grivell, Clegg & Sullivan, 2014). Es una construcción identitaria, ojo, no un cambio de especie.

El problema es cuando la conversación se expande en redes sociales. Cuando la moda desdibuja el concepto y aparecen nuevas tendencias, como la de pasear perros invisibles -ya viral en redes-, que confirman que el algoritmo siempre necesita un nuevo circo. Esto, como casi todo en internet, también pasará. Llegarán otras modas, quizá más extrañas, más ruidosas.

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No soy de quienes humanizan mascotas ni de quienes convierten a los animales en sustitutos emocionales.
Respeto la vida natural, la defiendo y la valoro, pero sin fanatismos ni devociones. Cada especie en su lugar, cada afecto en su justa medida.
Aquí seguimos rodeados de tigres, gallos, perros fieles, zorros astutos y uno que otro pavo real. Sin hashtags. Sin manual.

Tal vez el mundo apenas está descubriendo algo que nosotros sabíamos desde siempre: los humanos usamos a los animales para entendernos. Encada barrio, en cada oficina y en cada elección… siempre hay una jungla inhóspita.

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