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El Iceberg A-68: El Coloso que Transformó el Océano Antártico

En 2017, el desprendimiento del iceberg A-68 desde la plataforma de hielo Larsen C en la península Antártica Occidental capturó la atención global. Con más del doble del tamaño de Luxemburgo, el témpano de 5.700 kilómetros cuadrados y un espesor de 235 metros inició una travesía épica. Durante un año, permaneció casi inmóvil en el mar de Weddell, pero en 2018 comenzó a moverse hacia el norte, impulsado por corrientes y vientos, embarcándose en un viaje de tres años y medio hasta el Océano Austral.

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La odisea del A-68 llegó a su punto álgido durante la Navidad de 2020, convirtiéndose en un fenómeno de las redes sociales en medio de los confinamientos por la pandemia de la covid-19. Sin embargo, su impacto no se limitó a lo mediático: los ecologistas temían que colisionara con la isla de Georgia del Sur, una reserva natural vital para especies como los albatros y los pingüinos. Aunque el iceberg se acercó peligrosamente, se fracturó y derritió antes de causar un desastre ecológico, liberando toneladas de agua dulce al océano.

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El proceso de derretimiento del A-68 fue inusualmente prolongado. Desde su desprendimiento, perdió alrededor de 802.000 millones de toneladas de hielo, reduciéndose de 235 a 168 metros de grosor. Entre finales de 2020 y principios de 2021, vertió al océano 152.000 millones de toneladas de agua dulce, alterando la química y estructura de las aguas circundantes. Este evento transformó el hábitat marino, creando un entorno temporal rico en nutrientes y algas que sustentó una cadena alimenticia inesperada.

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Los científicos del British Antarctic Survey y otras instituciones aprovecharon la oportunidad para estudiar estos efectos. Descubrieron que el agua dulce y los nutrientes que arrastraba el iceberg favorecieron el crecimiento de algas adaptadas a condiciones extremas. Este florecimiento atrajo al zooplancton y probablemente habría sostenido a las ballenas barbadas si el iceberg hubiera permanecido más tiempo. Este fenómeno evidenció la capacidad de los icebergs gigantes de modificar temporalmente los ecosistemas marinos.

El A-68 finalmente desapareció en abril de 2021, dejando solo fragmentos menores. Su viaje fue un recordatorio del papel crucial que los icebergs pueden jugar en el equilibrio del océano y en la biodiversidad antártica. La historia del A-68 no solo narró la travesía de un coloso de hielo, sino que también brindó una oportunidad sin precedentes para comprender cómo estas masas heladas impactan el entorno marino a lo largo de su camino.

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