El duro relato de mujer ‘sospechosa de covid-19’ que salió negativa en la prueba

Muchos señalamientos por parte de vecinos y desconocidos sufrió un joven mujer monteriana a quien le ordenaron la prueba de coronavirus, así contó a través de sus redes sociales el calvario que vivió ella y su familia por la estigmatización de la gente.
La mujer identificada como Lidy Martínez Galvan, publicó el dramático relato así en sus redes:
Fiebre, dolor de garganta, dolor de cabeza, vómito, dificultad respiratoria, diarrea y malestar general intensificados por 100. Esos fueron los síntomas que padecí dolorosamente durante 13 días y por los que el pasado sábado 18 de abril me hicieron la prueba de coronavirus y estuve hospitalizada en un centro asistencial. He rebajado como 10 o 12 kilos.
Hoy me dieron el resultado y gracias a Dios fue negativo (junto a otros 43 y desafortunadamente uno fue positivo).
Pero más que los padecimientos que tuve que soportar (me introdujeron un hisopo bien largo hasta el fondo de la nariz, que pensé me estaba tocando el cerebro, y dos más hasta la campanilla de la garganta para hacerme la prueba), lo que más me dolió fue el rechazo social y que me hicieran sentir como un bicho raro.
Es feo que tras salir de mi casa, pálida y con mucho dolor, luego de que me hicieran la prueba en mi cuarto (donde he estado aislada), muchos vecinos agazapados en sus ventanas lanzaran miradas inquisitivas y de reproche mientras que otros prefirieron encerrarse al ver al personal médico con tapabocas y mascarillas. Solo dos de mis vecinas me dieron ánimos desde su balcón y me desearon lo mejor.
Como pude, caminé hasta la ambulancia, me subí y esperé pacientemente al llegar al centro médico bajo un torrencial aguacero. Tenía 39 ° de fiebre y tras valorarme, un médico me envió a una habitación especial y aislada donde me monitoreaban los signos vitales. Allí sudé unas 4 fiebres intermitentes y después me hicieron una radiografía de tórax.
Hacia las 9:00 de la noche me dieron de alta y me entregaron una fórmula médica con pastillas amargas (casi todas lo son) y un jarabe dulce. La ambulancia me trajo de vuelta a la casa y al llegar me recibieron entre preocupados y contentos, mi mamá, mi hermana, mi primo y mi perro.
Esa noche supe que otros vecinos que siempre se sentaban en su balcón dejaron de hacerlo por temor a que mi familia tuviera algo o estuviera infectada, mientras que otros pasaban por la calle solo para asomarse o mirar hacia el balcón de mi casa (que dejó de ser usado por mis seres queridos para no estar siendo señalados u observados).
Desde ese día y hasta hoy me han hecho seguimiento médico telefónico y debo decir que agradezco y agradeceré siempre al personal de la salud que me atendió antes, durante y después de la prueba. Realizan una gran labor.
Mañana colocaré un cartel bien grande afuera de la casa para que esos vecinos que no saben lo que es estar enfermo en este tiempo de pandemia y tener todos los síntomas de un virus que ha matado a miles de personas, sepan que NO TENGO CORONAVIRUS.