Aulas vacías, una baja en la natalidad que cambia el panorama de la educación
Por María Ruth Hernández Martínez
En Colombia hay menos nacimientos y todavía no terminamos de entender lo que eso significa para la educación. Según el DANE, los nacimientos pasaron de cerca de 650.000 en 2019 a alrededor de 450.000 en 2024, una reducción cercana al 30% en cinco años. La tasa de fecundidad ronda los 1,2 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional, de 2,1.
Las consecuencias ya llegaron a las aulas. Según un reporte de El Tiempo, Bogotá pasó de 1.700 colegios privados activos en 2020 a 1.282 en 2026. Son 418 instituciones menos. El mismo reporte señala que 35 colegios que funcionaban en 2025 dejaron de operar en 2026.
El fenómeno también se presenta en otras regiones. Detrás del cierre de un colegio hay estudiantes que deben trasladarse, docentes que pueden perder su empleo y familias que deben reacomodarse.
Pablo Lipnisky, fundador del Colegio Bilingüe Ekirayá Montessori, advierte que “lamentablemente van a bajar las plantas educativas y muy seguramente varios colegios cerrarán hasta que llegue una estabilidad”. Su institución registró en 2025, por primera vez, una reducción de matrícula en el primer nivel.
No es un fenómeno exclusivamente colombiano. Según Naciones Unidas, dos de cada tres personas en el mundo viven en países con fecundidad por debajo del reemplazo. China, Corea del Sur y Japón ya enfrentan cierres de instituciones educativas por falta de estudiantes.
El Fondo de Población de las Naciones Unidas- UNFPA, señala que muchas personas no logran tener el número de hijos que desean por factores como la inestabilidad laboral, el costo de vida, el acceso a vivienda y la falta de pareja o redes de apoyo. A esto se suman la mayor participación laboral de las mujeres y una maternidad cada vez más tardía.
No es frivolidad, es otra escala de valores. Las nuevas generaciones priorizan el bienestar, las experiencias y otras formas de construir sus proyectos de vida. Las instituciones educativas tenemos que escuchar ese cambio antes de juzgarlo.
También está cambiando la manera de estudiar. Crecen las microcredenciales, los cursos cortos y las rutas modulares, mientras la inteligencia artificial transforma el aprendizaje y plantea nuevos desafíos sobre autonomía, responsabilidad y construcción colectiva del conocimiento.
A una reorganización de la red escolar y, hacia 2040, a un “invierno demográfico” que llegará a la educación superior, habrá menos jóvenes y las universidades competirán por una población estudiantil más pequeña.
Pero menos estudiantes no tiene por qué significar baja calidad educativa. Personalizar la enseñanza, fortalecer la educación rural, articular la media con la superior y ofrecer oportunidades de formación a adultos que necesitan reconvertirse.