Opinión

Formar estudiantes para la IA, exige fortalecer las capacidades humanas

Por: María Ruth Hernández Martínez

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Durante años hemos discutido cuánto saben nuestros estudiantes de matemáticas, lectura o ciencias. Es una conversación necesaria, pero insuficiente. La pregunta de fondo es otra, ¿los estamos preparando realmente para vivir, decidir, relacionarse y trabajar en el mundo que ya existe?

Una educación pertinente debe preguntarse qué hacen los jóvenes con lo aprendido cuando deben resolver un conflicto, administrar dinero, comunicar una idea o enfrentar la incertidumbre.

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La educación financiera, por ejemplo, no debería comenzar con la primera deuda. Comprender un crédito, el ahorro, los intereses, el riesgo y la planificación financiera es formación para la autonomía. El OECD/INFE Toolkit for Measuring Financial Literacy, Inclusion and Well-Being 2026, publicado en enero de 2026, entiende la alfabetización financiera como una combinación de conocimientos, comportamientos, actitudes y capacidades digitales.

Con la inteligencia artificial ocurre algo similar. Ya no discutimos si los estudiantes la usarán, ya la están usando. El AI in Higher Education Report, divulgado por Coursera el 25 de febrero de 2026, encontró que más del 95% de los estudiantes y docentes encuestados utiliza herramientas de IA en contextos educativos, pero apenas el 25% de los profesores considera que existe preparación suficiente para aprovecharlas adecuadamente.

El reto no es prohibir la herramienta. Es enseñar a pensar antes de preguntarle, verificar después de recibir una respuesta y conservar la responsabilidad intelectual sobre lo que producimos. El reto es integrarla, construir saberes, sin desplazar las capacidades humanas.

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También debemos reconocer algo que durante demasiado tiempo tratamos como complementario, el desarrollo mental y emocional. Aprender depende de la atención, la memoria de trabajo, el control inhibitorio, la flexibilidad cognitiva y la autorregulación. El informe de la OCDE Child, Adolescent and Youth Mental Health in the 21st CenturyF, publicado en abril de 2026, documenta un deterioro sostenido del bienestar psicológico juvenil.

Enseñar a reconocer emociones, manejar la frustración, pedir ayuda y construir vínculos no le quita tiempo a la formación académica, crea mejores condiciones para aprender y sumaría una competencia esencial, comunicar. Saber no basta si no podemos explicar, escuchar, argumentar, conversar en medio del desacuerdo y adaptar un mensaje a distintos contextos. Comunicar bien también es aprender a ordenar el pensamiento, relacionarse y liderar.

No es llenar el horario con nuevas materias. Es revisar qué entendemos por estar preparado para la vida. La escuela y la universidad no pueden limitarse a formar buenos respondientes de exámenes. Necesitamos personas capaces de pensar críticamente, regularse, administrar sus recursos, usar la tecnología con criterio, comunicar lo que saben y convertir sus ideas en oportunidades.

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Durante décadas organizamos la educación alrededor de lo que una persona debía saber. Hoy también debemos preguntarnos qué debe ser capaz de hacer con aquello que sabe.

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