El Congreso que Colombia necesita
Mañana 20 de julio se instalará un nuevo Congreso de la República. Como sucede cada cuatro años, los colombianos reciben esta nueva legislatura con una mezcla de esperanza, desconfianza y expectativa. No es para menos. En un país marcado por la polarización política y por complejos desafíos económicos y sociales, el Legislativo tiene la responsabilidad de demostrar que sigue siendo el escenario donde el interés general prevalece sobre los cálculos partidistas.
La nueva composición del Congreso, sin mayorías absolutas, obligará a construir acuerdos y a fortalecer el debate democrático. Esa realidad puede convertirse en una valiosa oportunidad para enriquecer las decisiones públicas mediante el diálogo y la deliberación, o en un factor de parálisis si terminan imponiéndose la confrontación permanente y los intereses particulares.
Los ciudadanos esperan mucho más que discursos encendidos o enfrentamientos para las redes sociales. Esperan un Congreso que legisle con rigor, ejerza un control político efectivo, proteja la independencia de los poderes públicos y responda con responsabilidad a las verdaderas prioridades del país: seguridad, empleo, salud, educación, infraestructura y una lucha decidida contra la corrupción.
Los nuevos congresistas deben entender que la confianza ciudadana no se recupera con promesas ni con discursos, sino con resultados. La transparencia en la labor legislativa, la rendición de cuentas, la asistencia a las sesiones, la calidad de los debates y una presencia permanente en las regiones serán fundamentales para cerrar la distancia entre el Capitolio y la ciudadanía.
La elección de las mesas directivas marcará el tono de la nueva legislatura. Será la primera señal sobre la capacidad del Congreso para construir consensos en medio de un escenario político fragmentado y, al mismo tiempo, una prueba de su independencia frente al Gobierno y frente a las presiones de los distintos sectores políticos.
En este nuevo periodo legislativo, la relación entre el Congreso y el presidente de la República será determinante para la estabilidad institucional del país. La colaboración entre ambos poderes es necesaria para sacar adelante las reformas que Colombia requiere, pero esa cooperación nunca debe confundirse con subordinación. Un Congreso independiente fortalece la democracia cuando respalda las iniciativas que benefician al país y, con el mismo rigor, ejerce control político sobre las decisiones del Gobierno cuando las circunstancias lo exigen.