Opinión

El Discurso Ganador

Por : Elvis Guerra

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A solo siete días de elegir al nuevo mandatario del país, y según las últimas tres encuestas, parece que la ciudadanía se identificó con un relato que convenció a la gran mayoría. Hecho que ocurre pese a realidades que no cambian bajo el gobierno en cabeza de Gustavo Petro; la inseguridad, el sistema de salud, los impuestos y un tema totalmente desdibujado: el precio de la gasolina que afecta a pobres y a ricos.

Hoy, los candidatos con mayor posibilidad son el monteriano Abelardo de la Espriella, la senadora Paloma Valencia y el también senador Iván Cepeda, siendo este último el de más intención de voto. ¿Qué ha pasado? A pesar de los evidentes fracasos en políticas públicas y de los escándalos de corrupción de los que ningún gobierno se ha salvado desde su creación hasta hoy, el problema desde hace varias campañas es que han reducido la discusión del desarrollo del país a un tema de “derecha o izquierda”, y ultimadamente entre ricos y pobre cuando en realidad ambos sectores persiguen exactamente lo mismo: poder y burocracia, solo que con métodos distintos.

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No es un secreto para el mundo que los modelos económicos con tendencia de izquierda han sido un fracaso. Tampoco es menos importante que los modelos económicos de la tendencia de “gente de bien” han propiciado que la brecha económica sea mucho más grande a lo largo de los años. Cuando en realidad son las políticas públicas de quienes gobiernan las que terminan generando pobreza, miseria, hambre y debacles económicos.

La realidad que están reflejando las encuestas para estas elecciones tiene, a mi juicio, su origen en cómo se exponen y se dicen las cosas. El presidente expresó en su último consejo de ministros que hay una conducta social en crecimiento a la que llamó “los nuevos ricos” (y no está mal serlo). Ellos, sumados a los que por antonomasia ya lo son, venían exponiendo en el más antiguo de los medios de comunicación “ radio bemba” que era absolutamente inevitable el regreso de un gobierno de derecha al país, basándose, eso sí, en los evidentes fracasos ya mencionados y en las afectaciones de sus negocios individuales.

Sin embargo, los candidatos de derecha fallaron en reconocer que el país nunca ha estado bien. En cambio, frente al tema de la salud, han preferido indicar que el sistema era malo, pero funcionaba. Asimismo, redujeron la agudización del conflicto armado, el aumento de las crisis humanitarias, la persistencia de la desigualdad social y la debilidad del control estatal en las regiones a simples fallas humanas, económicas, políticas y familiares del presidente.

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No construyeron un discurso alrededor de lo que se podía hacer realidad con lo poco que se tiene; les falló el cálculo mediático de que nos íbamos a convertir en Venezuela o Cuba. En los últimos días, además, han demostrado hasta la saciedad que no serían capaces de sobreponer sus egos ante un objetivo común: construyeron una narrativa que la gente ya no quiere comprar y en lo único en que han coincidido es en que tienen ira. Los partidos tradicionales, al tenor de todo esto, no han hecho cosa distinta a ser expectantes, divididos en razón de sus conveniencias de participación y supervivencia política.

La única realidad evidente es que el discurso ganador se construyó basado en las visibles fallas de la derecha. Las lecturas del candidato Iván denotan un mensaje de anhelo, optimismo y confianza. Esto, sumado a la realidad económica de haber aumentado el salario más allá de lo peligroso que sea para la inflación, un ejercicio que al pueblo no le interesa comprender, pues ahora compra más arroz y le queda para otras cosas, deja la sensación de que sí se podían realizar cambios. Y no hay nada más positivo que la fe, la esperanza y la ilusión. El candidato Iván supo construir ese discurso que resultó ser el ganador.

 

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