Opinión

Administrandores de felicidad

Por: Elvis Guerra

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Recientemente culminó con éxito, como cada año, el Festival de la Leyenda Vallenata, que cuenta ya con 58 años de historia. Esta celebración nos recuerda que las festividades en nuestra Costa Atlántica son, en esencia, bienes comunes. Así como el aire, el sol, los mares y sus playas, las calles y carreteras, la luna el paisaje las estrellas, ríos, ciénagas selvas y bosques pertenecen a todos, nuestras fiestas nacieron como una manifestación de identidad colectiva. Surgieron para celebrar ritos religiosos, hitos históricos, motivos económicos, recolecciones de cosecha, triunfos revolucionarios fin de conflictos  lo que permite sin duda afianzar la unidad social, sin más pretensión distinta que la de compartir y exponer nuestra esencia cultural es así que en nuestro país surgen manifestaciones espontaneas como: Carnaval de Barranquilla, Carnaval de Negros y Blancos, Feria de las Flores, Feria de Cali, Festival de la Leyenda Vallenata, Feria de Manizales, feria Ganadera.

Sin embargo, como las sociedades avanzan, también lo han hecho las festividades, pero no siempre en la dirección correcta. En un país donde la operatividad se ha delegado totalmente, las administraciones territoriales desde el nivel central han quedado reducidas a simples recaudadores pagar las deudas y quedarse con las vueltas, Hoy, lo que nuestros abuelos vivieron frente a sus espacios de esparcimiento libres y organizados por ellos mismos enfrenta el peligro de la mercantilización excesiva.

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Resulta inquietante que la administración de todo tipo de festivales, fiestas, conscursos,reinados,desfiles, exposiciones artesanales, conciertos, tarimas, carrozas, se entregue a fundaciones “sin ánimo de lucro” que, Por definición jurídica, estas entidades no pueden buscar ganancias económicas individuales, sino el beneficio comunitario. Entonces, cabe preguntarse: ¿cuál es la lógica de adjudicar contratos para eventos que las administraciones están en la capacidad de organizar dirigir y controlar, eventos donde además se cobran espacios públicos, se alquilan sillas y se venden palcos por más de 10 millones de pesos? Entendiendo que aparecen en el panorama los “empresarios” que en medio de las fiestas realizan sus eventos privados que también tienen prerrogativas como el préstamo de escenarios públicos como estadios, lotes parques etc. sin que se sepa la contraprestación social aún. El agravante es que la fiesta pierde su alma: se limitan los accesos, donde es preciso aclarar que el pueblo termina poniendo las calles, la fuerza pública y el espacio que también lo es, es preciso dejar claro que desde este espacio no se busca criminalizar la contratación pública, tampoco las fundaciones hay algunas que si lo son.

El asunto es aún más delicado cuando se trata de concursos. Al entregar la potestad de decidir quién gana a sociedades privadas o fundaciones, se corre el riesgo de perder la transparencia y la importancia del certamen, como ha ocurrido con el Concurso Nacional de Belleza o las crecientes críticas en festival  Vallenato, hecho que de manera precisa explico el tres veces rey vallenato Alfredo Gutiérrez en una entrevista hace ya algún tiempo y que dicen los entendidos en el tema le a costado que la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata No le haya hecho un homenaje.

Si bien es necesario avanzar, esto debe hacerse bajo condiciones de participación real, economía y, sobre todo la “administran cultural de las manifestaciones e identidad del territorio, Hoy muchos ciudadanos prefieren no participar al ver que su legado queda reducido a “cuentos” de ancestros, mientras el presente se transforma en un frío modelo de negocio en donde lo público ya no lo es y el compartir, goce y disfrute ahora tiene valores económicos que superan en ocasiones sus ingresos. Si no protegemos el carácter público y de acceso de nuestras fiestas, sobre todo porque  las festividades o congregaciones alrededor de expresiones colectivas, actúan como motor de felicidad colectiva e inmediata, esto  no se reduce a  un simple ocio permitido, es un  espacio diseñado y necesario  para potenciar emociones positivas, preservar las identidades implica necesariamente tener control sobre todo lo relacionado, o mínimamente la revisión y el seguimiento de quienes cuesta mucho expresar esta frase pero “ administran nuestra felicidad” en la realización de actividades de todo tipo en medio de algo que nació como expresión libre y espontanea este fue otro de los cambios que nos ha traído la sociedad moderna y los nuevas formas de dirigir y ordenar los  territorios.

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