Opinión

Colombia Navega Entre El derecho Fundamental y La Perversión Del Mercadeo

#Por : Elvis Guerra H

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La próxima contienda presidencial ya tiene un eje central de discusión. Dirigir a Colombia no es tarea menor, especialmente cuando sectores vitales arrastran fallas estructurales desde su creación. Aunque cada cuatro años el debate orbita sobre la economía, la seguridad y la educación, el verdadero “florero de Llorente” de esta elección es, sin duda, la Salud y la Protección Social.

Constitucionalmente, la salud en Colombia es un servicio público a cargo del Estado y un derecho fundamental. Bajo esta premisa, el Estado debe garantizar el acceso integral a la promoción y recuperación de la salud. Sin embargo, la implementación de la Ley 100 —bajo la ponencia del entonces senador Álvaro Uribe— introdujo a las EPS, entidades que hoy, paradójicamente, nos roban la calma y la salud.

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La trampa del “Yo con Yo” El sistema funciona a través de la ADRES (la gran bolsa pública), que paga a cada EPS un monto fijo (UPC) por afiliado. Con este dinero, la EPS debe contratar una red de hospitales y laboratorios (IPS). Aquí aparece la primera perversión: la integración vertical. Muchas EPS contratan a sus propias IPS —una dinámica de “yo con yo”— que prioriza el beneficio corporativo sobre la atención al paciente.

Es alarmante la narrativa que adjudica las muertes por falta de medicamentos únicamente al Gobierno actual. Es imperativo hacer claridades: las EPS son operadores particulares que administran recursos públicos. Tienen la obligación legal y ética de rendir cuentas, pero la realidad financiera que reflejan sus balances es crítica.

Cifras de un desastre anunciado El cuello de botella actual responde a un desequilibrio financiero grave:

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• Déficit operacional: Por cada $100 recibidos, las EPS gastan aproximadamente $111,7 (sin contar gastos administrativos).
• Deudas asfixiantes: Acumulan pasivos estimados en $50 billones de pesos, de los cuales $25 billones corresponden a deudas directas con clínicas y hospitales que ya prestaron el servicio.
• Corrupción sistémica: Auditorías forenses han revelado irregularidades indignantes: cobros por usuarios fallecidos, sobrecostos en medicamentos y desvío de recursos públicos hacia inversiones ajenas al sector salud.

El error de origen El equívoco histórico ocurrió al permitir que un particular comercializara un derecho fundamental. Desde un punto de vista contable y financiero, las empresas cualesquiera que sea su función están diseñadas para generar utilidades, no bienestar social. Se mal acostumbraron a operar con dinero estatal sin cumplir con los requisitos de patrimonio y reservas técnicas, necesarios para respaldar sus deudas y garantizar la operación a largo plazo pusieron en riesgo clarísimo la sostenibilidad del sistema de salud lo cierto es que mientras el gobierno las liquida habiendo asumido la mea culpa que también fallo en su control y vigilancia (no de ahora)Hoy, la población enfrenta una crisis de desatención sin precedentes.

El próximo mandatario, sin importar su línea ideológica, tiene el mandato urgente de renovar, corregir o transformar este modelo. Es hora de cumplir la Constitución y garantizar que el Estado organice y reglamente la salud bajo los principios que nunca debieron olvidarse: eficiencia, universalidad y solidaridad.

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