Palabra de hoy

Cadena perpetua y pena de muerte en Colombia

Por :Tommy Calderón

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Estamos en pleno apogeo de las campañas electorales y en estos días he visto cómo varios medios entrevistan a los diferentes candidatos a la Presidencia de la República. Y hay una pregunta que siempre se repite, casi como de libreto, y que honestamente nunca deja de llamarme la atención por lo cliché que resulta: ¿Usted impulsaría la cadena perpetua o la pena de muerte en Colombia?

La pregunta suena fuerte. Genera reacciones, titulares y aplausos fáciles, dependiendo de la respuesta y del público. Pero también es una pregunta cómoda, básica y que se presta demasiado para lo que se conoce como populismo punitivo: prometer castigos más severos como si eso, por sí solo, resolviera el delito. La realidad, la evidencia lo demuestra, es otra: Lo que realmente disuade no es lo dura que sea la pena, sino la posibilidad real de que alguien sea investigado, juzgado y condenado.

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Este tipo de preguntas sirven para figurar, pero desvían el foco del debate hacia el lugar equivocado y dan la oportunidad a candidatos sin mayor profundidad discursiva de salirse por las orillas prometiendo castigos más severos, como si eso fuera una solución mágica. El problema en Colombia no es que falten penas duras. El problema es que las penas que ya existen muchas veces no se cumplen.

Cuando un candidato se limita a decir “sí, pena de muerte” o empieza a proponer cadena perpetua, vale la pena prender las alarmas. No porque el tema no sea serio, sino porque esa respuesta evita lo más difícil: explicar cómo va a fortalecer la justicia, cómo va a reducir la impunidad y cómo va a hacer que el sistema funcione.

Este discurso se repite campaña tras campaña. Cambian los nombres, pero el libreto es el mismo, y tal vez ya es hora de dejar de aplaudir respuestas que suenan bien y empezar a hacernos (y hacerles a los candidatos) preguntas más incómodas. Por ejemplo: ¿cómo van a hacer para que la justicia funcione? ¿cómo van a reducir la alta tasa de impunidad? ¿cómo van a lograr que las penas que ya existen se cumplan?

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Porque en un país como este, donde las cárceles no dan abasto, con una sobrepoblación cercana al 28% según el INPEC, altas tasas de reincidencia y una desconfianza profunda en el sistema de justicia, seguir prometiendo penas más duras no es valentía política es darle la espalda a la realidad.

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