Lo que no te han dicho sobre el emprendimiento
Por Jorge Fernando Gómez
Cada 16 de abril se celebra el día mundial del emprendimiento y en el 2023, año de elecciones locales y regionales, los aspirantes a las altas dignidades públicas no pierden oportunidad para hablar sobre el tema, lo cual me parece plausible.
Pero me inquieta que buena parte de ellos hablen con propiedad de un tema que notoriamente no dominan. Son tan predecibles estos políticos que ante la pregunta de cómo combatir el desempleo, responden al unísono que con emprendimiento. Evidencia de la mirada limitada que tienen respecto al tema.
Pero al contrario de esta creencia popular, el emprendimiento no es necesariamente la mejor herramienta para generar ocupación económica.
Joseph Alois Schumpeter, discípulo de la Escuela austriaca de economía, es tal vez el economista que más se tomó en serio el efecto del emprendimiento en la economía, reconociendo sus bondades y efectos colaterales.
Schumpeter definió al emprendedor como una persona disruptiva que a través de su apuesta empresarial o de negocios, modifica el orden en determinados sectores. Es decir, no toda iniciativa empresarial debe considerarse como emprendimiento si somos rigurosos con la aplicación del concepto y, por ende, muchos señalados y autodenominados emprendedores no lo son.
Schumpeter, defensor acérrimo de la libertad de empresa, reconocía que un exitoso emprendimiento trae consigo la llamada destrucción creativa, que no es otra cosa que la eliminación de trabajo y empleo.
Lo explico en el siguiente ejemplo, que es tal vez el de mejor referencia.
Blockbuster fue la más grande tienda de alquiler de videos y películas en el mundo y tenía bajo su mando un
sinnúmero de empleos directos e indirectos. Sus directivas conocieron de la idea de lo que hoy conocemos
como Netflix pero desecharon invertir en el proyecto.
Poco tiempo después la irrupción de Netflix no sólo cambió la forma de ver cine y televisión, sino que también firmó la sentencia de disolución de las tiendas de video.
Netflix con mucho menos talento humano generó más impacto que Blockbuster y eso lo premió el consumidor. La demanda, la voluntad de los compradores, no va a crecer porque aparezcan más negocios o emprendimientos.
El consumidor toma la decisión de elegir a un oferente en detrimento de otro que ofrezca el mismo bien o servicio, o algo similar. Eso fue lo que pasó con el ejemplo reseñado.
Notamos entonces que la búsqueda de un emprendedor o cualquier persona con una iniciativa de negocio es buscar lucro, no generar empleo y eso está bien, lo explicó Adam Smith, el primer gran teórico de la economía política.
Todos quisiéramos ganar más utilizando menos recursos, miente quien sostenga lo contrario. Lo que está mal es esperar ocupación a través de algo que no está diseñado para ello.
¿Se debe apoyar el emprendimiento? Absolutamente. En Colombia el sistema financiero no es aliado para la iniciativa disruptiva, ya que se concentra en la reiteración de créditos y no en la inversión de baja escala. Esto hace perentorio que se diseñen los más diversos instrumentos financieros por fuera de la banca para que los emprendedores puedan materializar sus ocurrencias económicas y sirvan de ejemplo para muchas más personas afanadas por un ingreso.
Entes territoriales y empresas privadas con funciones públicas están en mora de apropiarse de esto.
En resumen, el emprendimiento es una opción atractiva y por incentivar para esa población inquieta por cambiar el contexto empresarial y de consumo, pero no para contrarrestar el desempleo estructuralmente.
El desempleo es más relativo a cuestiones de crecimiento y desarrollo económico, superación de las formas de pobreza y
desigualdad, pero es algo que merece otra columna.
A los políticos, dejen el discurso trillado del emprendimiento, por favor. A los mandantes, a no seguir creyendo
en esta demagogia.