iCASI TERMINAN EN TRAGEDIA! En Ayapel los palcos casi se caen y el Alcalde no se inmutó para proteger a su pueblo
La fiesta pasó al susto en Ayapel, Córdoba. Cientos de personas bajaron apresuradamente de los palcos de las corralejas el sábado 10 de octubre, cuando la estructura de guadua y madera comenzó a inclinarse. Las imágenes de asistentes tratando de ponerse a salvo dejan una pregunta que el alcalde Hugo Pinedo y los organizadores deben responder: ¿qué garantías había para ocupar esos tendidos?
Entre quienes descendieron había adultos con niños en brazos. Según los testimonios, el temor a que los soportes cedieran provocó momentos de pánico. Una celebración no puede poner a las familias ante la necesidad de salir apresuradamente para protegerse. Lo ocurrido exige una revisión seria de las condiciones de seguridad y de los controles previos al evento.
Los primeros reportes mencionan materiales presuntamente deteriorados y acumulación de agua por las lluvias, aunque ninguna de estas versiones cuenta con una confirmación técnica conocida. Precisamente por eso, Pinedo y los responsables de la organización deben explicar quién inspeccionó los palcos, qué encontró y con qué criterios se permitió el ingreso del público.
Hasta el momento, en la información disponible no aparece un pronunciamiento oficial del mandatario ni de los organizadores. Ese vacío de respuestas resulta preocupante después de un episodio que generó temor entre los asistentes. La ciudadanía necesita explicaciones concretas, documentos de las inspecciones y claridad sobre las decisiones adoptadas.
No se reportan lesionados ni se confirma un desplome parcial, pero eso no elimina la gravedad de lo sucedido. Tampoco se conoce un balance oficial sobre el estado de los palcos después del incidente. Con festividades programadas hasta el 13 de octubre, la administración municipal debe precisar qué medidas tomó y si existían condiciones para continuar recibiendo público.
El alcalde Hugo Pinedo y los organizadores tienen que dar la cara ante estas preguntas. El antecedente de la tragedia de las corralejas de Sincelejo recuerda por qué la seguridad no puede quedar relegada al entusiasmo de una fiesta. Ayapel merece saber qué falló y qué se hizo para corregirlo: la protección de la vida debe pesar más que cualquier espectáculo.