Los legados
Por: Mario Sánchez
El pasado 30 de septiembre se conmemoraron 25 años del fallecimiento de consuelo Araujo Noguera “La Cacica”, gestora cultural, escritora, investigadora, exministra de Cultura y fundadora del Festival de la Leyenda Vallenata, donde se llevaron a cabo varios eventos, entre ellos la apertura del Museo Histórico La Casona, una vivienda emblemática en la ciudad de Valledupar, cerca de la Plaza Alfonso López (Donde se dice que nació el festival vallenato) albergando una valiosa exposición de 50 fotografías que reflejan y recogen la obra de Consuelo.
En medio del homenaje también se realizaron conciertos, ofrendas florales, conversatorios, relanzamiento de libros y toda una serie de eventos cuyo eje central era conocer el legado de este gran bastión de la cultura, no solo de la costa norte colombiana. La cacica regó sus tentáculos en todo el territorio nacional, convirtiendo la música vallenata en el aire musical comercial que hoy identifica al país ante el mundo.
Pero hay que resaltar que el legado de Araujo Noguera ha sido una titánica labor liderada por su familia y cultores del valle de Upar. Desde su funesta desaparición a cargo del grupo terrorista de las FARC, sus allegados y seguidores más cercanos han hecho que la vida y obra de esta gran luchadora de la cultura siga vigente en la memoria colectiva de la sociedad. Que su figura inspire a nuevos cultores y artistas a convertir ideas y proyectos en verdaderas iniciativas de gran envergadura que transformen, produzcan y fortalezcan la industria cultural.
Los legados culturales son una especie de ideas, creaciones y obras que aportaron a la identidad de territorios; es lo intangible que robustece el espíritu colectivo de una sociedad, aquello que un mortal edificó con pasión y que probablemente no dimensionó el impacto transcultural de sus ideas.
Trabajar para mantener estos legados de personas relevantes en la cultura necesita una articulación que debe germinar desde el seno familiar del personaje, seguidores o gestores culturales allegados y el respaldo de los entes gubernamentales.
A veces los entes inician solos, pero las familias, en hechos mezquinos buscando derechos de autor que facturen, se convierten en piedra de tropiezos y no se logra hacer nada. En otros casos, son los familiares los abanderados de trabajar por el legado de su ser querido, pero no encuentran eco en los entes del gobierno ni en el sector cultural que en egos prefieren no participar de estas iniciativas para evitar el protagonismo en otros.
Lo de Consuelo Araujo Noguera es un ejemplo visible del empeño de sus familiares para mantener en vigencia la vida y obra de la cacica. Ellos han consolidado el crecimiento del Festival Vallenato, convirtiendo la festividad en un megaevento de reconocimiento internacional, generando empleo y aportando a la identidad cultural de la región, sin dejar de lado los pasos de Consuelo. Es admirable el rotundo liderazgo y convencimiento que han puesto el nombre de la gran gestora en la memoria histórica de viejas y nuevas generaciones.
Es decir, no han esperado que un ministro o secretario departamental, que un alcalde o gobernador se apoderen y tomen las riendas; no se han quedado quietos y han trabajado para que la figura icónica de su madre, abuela, tía, hermana y prima, permanezca en los anaqueles del tiempo.
Las memorias de las sociedades se construyen a partir de huellas que contribuyeron a transformar territorios, huellas que no se pueden dejar desaparecer o guardar en el baúl del olvido y esperar que de vez en cuando cualquier inquieto rescate temporalmente el legado y nuevamente al baúl del olvido. Quienes edificaron los legados ya cumplieron, pero la responsabilidad de prevalecerlos y entregarlos vivos al futuro es nuestra.
El periodista y escritor Juan Gossaín dijo en una ocasión que los cultores tan solo se marchan de los escenarios cuando mueren; sus legados quedan”. Que sean como el verso de Escalona: “Como el ave que canta en la selva y no se ve”. Hay que seguir dejando que el canto de los legados siga haciendo melodía.
Los legados son referentes inspirativos para seguir construyendo el ecosistema cultural. No dejemos que desaparezcan y marchiten.
Las familias del pintor Fernando Botero, de Gabriel García Márquez, del periodista Ernesto MacCausland y de Consuelo Araujo han sido pilares para no dejar en el olvido el legado de sus familiares y antes por el contrario, están más vigentes que nunca. O el caso de la gestora cereteana Lena Reza como gran guardiana de la obra poética de Raúl Gómez. Eso requiere trabajo.
En Córdoba hay legados que no podemos dejarlos ahí a la aventura de algún interesado, como es el caso del maestro Pablito Flórez, Manuel Zapata Olivella, Soad Louis Lakah, que dejaron tanto, pero tanto por nuestra cultura y solo se nombran en cada aniversario de sus fallecimientos o algún medio de comunicación los nombra. Eso no trasciende y mucho menos penetra en la memoria colectiva como figuras inspirativas… Hay que tatuar mentes para permanecer vigentes a estos baluartes de nuestro arte regional.
Afortunadamente, Paloma Sánchez, hija y gran conserje de la obra del escritor loriquero David Sánchez Juliao, inició hace un tiempo prudente, trabajar arduamente por mantener viva la obra y legado de su padre. El Centro Cultural del Banco de la República de Montería, acaba de inaugurar oficialmente al público el archivo del escritor cordobés, donde reposan: 22.995 folios, 4.500 unidades documentales en 76 cajas de almacenamiento. Material escrito a puño y letra, inéditos, correspondencia con figuras internacionales del arte y cultura, videos, audios, fotografías… Este tesoro es una gestión de Paloma, quien prefirió que el archivo estuviese en el Sinú y no en la capital del país.
Los legados son referentes inspirativos para seguir construyendo el ecosistema cultural, para preservar la memoria y fortalecer la identidad. No dejemos que desaparezcan y marchiten.
Buen viento, buena mar
Posdata: Terminó la convocatoria del Premio de Periodismo Cultural Guillermo Valencia Salgado, con 59 trabajos de las diferentes subregiones del departamento de Córdoba. El legado del Goyo está vigente; cada año conmemoramos su obra y las nuevas generaciones le están conociendo mediante este certamen que resalta la cultura y medio ambiente. Esto también, gracias a su familia, que ha permitido mantener viva la obra del gran maestro. Nos vemos el 30 de octubre en la ceremonia de premiación.