Opinión

La grandeza de Córdoba comienza en el campo

Por: Mario Pretelt

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Ningún departamento puede construir un futuro sólido si le da la espalda a quienes producen su riqueza. Córdoba nació alrededor del campo, de la ganadería y de la agricultura. Su historia está escrita con el esfuerzo silencioso de miles de hombres y mujeres que, antes de que salga el sol, ya están trabajando para llevar alimentos a las mesas de Colombia. Sin embargo, mientras ellos enfrentan el abandono, la inseguridad y el aumento de los costos de producción, el debate público parece girar cada vez más alrededor de la confrontación política y menos alrededor de las soluciones que realmente necesita la región.

Hay discursos que llenan plazas, pero no producen un solo kilo de carne, una carga de arroz ni un litro de leche. Son los discursos de quienes viven sembrando divisiones porque nunca aprendieron a sembrar oportunidades. Mientras unos buscan protagonismo enfrentando a los cordobeses entre sí, miles de campesinos, agricultores y ganaderos sostienen con su trabajo la economía del departamento. Ellos producen riqueza; los demás, con frecuencia, solo producen ruido.

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La Córdoba real no está en las tarimas ni en las redes sociales. Está en el campesino que mira al cielo esperando la lluvia, en la mujer que madruga a ordeñar, en el agricultor que apuesta una vez más por la cosecha y en el pequeño ganadero que lucha por mantener su finca a pesar de las dificultades. Pero durante demasiado tiempo les hemos enviado un mensaje equivocado: que producir dejó de valer la pena. Por eso hoy vemos fincas vendidas, potreros abandonados y familias que cambian una tradición de generaciones por una motocicleta para sobrevivir en el mototaxismo. No hay nada indigno en ese oficio; lo verdaderamente preocupante es que tantos productores hayan tenido que abandonar la tierra porque trabajarla dejó de ser rentable.

Ese debería ser el verdadero motivo de preocupación para Córdoba. El fracaso de un departamento no comienza cuando baja el precio del ganado o del arroz, sino cuando sus jóvenes dejan de ver el campo como un proyecto de vida. Una sociedad que pierde a sus productores termina perdiendo también su identidad, su seguridad alimentaria y buena parte de su capacidad para construir desarrollo.

Y, sin embargo, pocos departamentos tienen las ventajas que posee Córdoba. Los valles del Sinú y del San Jorge, la fertilidad de sus tierras, la calidad de su genética bovina, la tradición agropecuaria y la experiencia de sus productores deberían convertirnos en una potencia agroalimentaria. Tenemos todo para generar más empleo, abrir nuevos mercados y conquistar escenarios internacionales con productos de alto valor. Lo que ha faltado no son recursos, sino una visión capaz de poner al campo en el lugar que merece.

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También es momento de decir una verdad incómoda. La Feria Nacional de la Ganadería no puede seguir alejándose de quienes le dan sentido. Una feria agropecuaria debe ser el escenario donde brillen el pequeño productor, el agricultor, el emprendedor rural y la excelencia de nuestra ganadería. Debe servir para abrir oportunidades de negocio, atraer inversión y fortalecer el orgullo por lo que somos. Cuando la política ocupa el lugar del productor, la feria pierde parte de su esencia.

Córdoba necesita menos enfrentamientos y más acuerdos alrededor de lo verdaderamente importante. Necesita vías terciarias que permitan sacar las cosechas, distritos de riego que multipliquen la productividad, acceso al crédito, asistencia técnica, innovación y políticas públicas que conviertan al campo en una prioridad permanente y no en un tema de campaña.

La verdadera transformación de Córdoba no llegará con más discursos ni con promesas repetidas en cada elección. Llegará cuando entendamos que el progreso se siembra, se cultiva y se cosecha. Llegará cuando el campo vuelva a ser una prioridad, cuando producir sea motivo de orgullo y no de sacrificio, y cuando nuestros gobernantes comprendan que invertir en quienes trabajan la tierra es invertir en el futuro del departamento.

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Porque la riqueza de Córdoba nunca ha nacido de la confrontación, sino del esfuerzo de su gente. Mientras haya un campesino sembrando, un ganadero produciendo y un agricultor creyendo en esta tierra, habrá razones para confiar en un mejor mañana. La grandeza de Córdoba no está por construirse: está en su campo. Lo que hace falta es la decisión de reconocerla, protegerla y convertirla, por fin, en el verdadero motor del desarrollo de nuestro departamento.

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