La comunidad no se ha quedado de brazos cruzados. Han intentado contener el problema con medidas improvisadas como cal, cemento y otros materiales, pero el esfuerzo no ha sido suficiente. El foco de contaminación sigue activo… y empeora.
“Esto ya no es solo incomodidad, es un riesgo para la salud”, aseguran vecinos, quienes temen la aparición de enfermedades debido a la exposición constante a los desechos.
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Lo más preocupante, dicen, es que la situación ya fue reportada, pero hasta ahora no hay solución real.
Hoy, el llamado es urgente: que esta denuncia no se quede en palabras y que el problema deje de ser parte del día a día de quienes solo piden vivir en condiciones dignas.