Opinión

La tiranía de la ignorancia

Por: Juan Sebastián Quintero

En política, la ignorancia no siempre es ausencia de información; a veces es soberbia disfrazada de certeza. Y cuando quien gobierna confunde experiencia limitada con conocimiento suficiente, la consecuencia no es un error personal: es un perjuicio colectivo. En Córdoba, hoy asistimos a un preocupante espectáculo de improvisación en las más altas esferas del poder provincial.

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Gobernar una provincia no es administrar una estructura cerrada ni conducir una institución con márgenes controlados. No es dirigir una universidad privada, por más prestigio que esta sea, ni trasladar lógicas empresariales al manejo del Estado. La provincia no es un campus. La sociedad no es un claustro. Y el país no es una microestructura donde las decisiones se toman entre pocos y con impacto acotado.

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Imagen- Departamento de Córdoba. Foto: Triviantes

Un gobernador tiene la responsabilidad de representar a millones de cordobeses en la mesa nacional. Eso implica preparación técnica, formación política sólida y capacidad de debate al más alto nivel. Cuando esa preparación es insuficiente, el costo no lo paga quien ocupa el cargo: lo paga la población que representa. La falta de herramientas conceptuales y técnicas para debatir con un presidente de la Nación coloca a Córdoba en una posición de debilidad institucional. Y en tiempos de crisis, debilidad significa pérdida de oportunidades, de recursos y de influencia.

No alcanza con haber transitado cuatro años en una cámara legislativa, especialmente en un contexto que todos sabemos cómo se heredó. La experiencia parlamentaria es valiosa, pero no sustituye la comprensión profunda del funcionamiento macroeconómico, del federalismo fiscal, de la política internacional ni de la compleja arquitectura del Estado nacional. Gobernar requiere algo más que voluntad y discurso: requiere solvencia.

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La tiranía de la ignorancia

El problema no es la discrepancia política. El debate entre Nación y Provincia es saludable en una democracia. El problema es cuando el debate se da en inferioridad técnica. Cuando el gobernador no logra sostener argumentos sólidos, cuando la confrontación se reduce a consignas o gestos, se erosiona la posición institucional de Córdoba. Y esa erosión termina impactando en la obra pública, en la coparticipación, en la inversión y en la confianza.

Hay una diferencia sustancial entre administrar y gobernar. Administrar es ejecutar; gobernar es comprender el sistema en su totalidad, anticipar escenarios, negociar con firmeza y conocimiento. Pretender que la experiencia acotada habilita automáticamente a disputar en igualdad de condiciones con el Ejecutivo nacional es desconocer la magnitud del desafío.

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Córdoba

La tiranía de la ignorancia no es un insulto: es una advertencia. Cuando la falta de preparación se combina con poder, se convierte en una forma de autoritarismo involuntario. Porque quien no entiende la complejidad tiende a simplificarla, y quien simplifica en exceso termina tomando decisiones que afectan a muchos desde una mirada estrecha.

Córdoba merece un liderazgo que esté a la altura del contexto nacional e internacional. Merece representación sólida, preparada y técnicamente competente. La política no es un aula cerrada ni un emprendimiento personal. Es el arte —y la responsabilidad— de conducir una sociedad diversa y compleja.

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Y cuando esa conducción se basa en certezas frágiles, la ignorancia deja de ser una carencia individual para convertirse en un problema público.

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