“Córdoba necesita ayuda, no trámites”: Erasmo al rector de Unicórdoba
En medio de la peor emergencia humanitaria que ha vivido Córdoba en los últimos años, una decisión administrativa encendió la polémica. El rector de la Universidad de Córdoba, Jairo Miguel Torres Oviedo, solicitó formalmente iniciar los trámites para la devolución y desalojo del Centro de Convenciones, espacio que hoy funciona como el principal nodo logístico de la atención a los damnificados por las inundaciones.
El requerimiento quedó consignado en un oficio dirigido al gobernador de Córdoba, Erasmo Zuleta Bechara, en el que se anuncia la no prórroga del contrato de comodato y se fija el 7 de abril de 2026 como fecha límite para la restitución del inmueble. Incluso, se convoca a una reunión de transición para preparar la entrega del espacio.
Sin embargo, la solicitud llega en un momento crítico: en el Centro de Convenciones operan actualmente más de 100 toneladas de ayuda humanitaria, junto a ONG, organismos de socorro y equipos técnicos que coordinan la distribución de alimentos, agua potable, insumos médicos y asistencia a cientos de miles de damnificados en distintos municipios del departamento.
Desde los equipos de atención a la emergencia advierten que trasladar ahora este centro logístico sería un golpe directo a la operación humanitaria, pues implicaría retrasos, desarticulación institucional y mayores dificultades para hacer llegar la ayuda a familias que lo perdieron todo bajo el agua. “Mover este corazón operativo hoy sería apagarle el pulso a la respuesta humanitaria”, señalan fuentes en terreno.
Por eso, el llamado al rector es directo, respetuoso, pero contundente: reconsiderar la decisión. Apelan no solo a la autonomía universitaria, sino a la humanidad, solidaridad y sentido de pertenencia de una institución que históricamente ha sido pilar del desarrollo regional. “La Universidad que tanto queremos también es Córdoba”, enfatizan.
Hoy, más que trámites, contratos y cronogramas, Córdoba exige empatía y acción colectiva. La emergencia no espera escritorios ni sellos. Espera manos solidarias. Y en esta hora decisiva, la pregunta queda en el aire: ¿es momento de desalojar paredes o de salvar y reconstruir vidas? .