Medios en desuso o en resistencia

Esta semana, en la clase de Introducción a los Medios, hablamos de los aparatos de comunicación “en desuso”. La discusión surgió a partir de una exposición de los estudiantes sobre artefactos que hoy parecen sacados de un museo: la radio de onda corta, la televisión de tubos, el teléfono de disco, el radiograma, el fax, el casete, el disquete, la radiograbadora, incluso el telégrafo. Objetos que durante décadas fueron centrales en la vida cotidiana y que hoy generan más curiosidad que reconocimiento.
Lo llamativo fue notar que, para ellos —jóvenes de la generación Z (centennials)—, estos dispositivos son ajenos. Algunos ni siquiera saben cómo funcionaban. El fax, por ejemplo —invento relativamente moderno—, es una rareza. Para estas generaciones, todo ocurre en una pantalla: allí se informan, se entretienen, se comunican y se relacionan.
A nivel mundial, los datos respaldan esta percepción. El Digital News Report 2025 del Reuters Institute confirma que el consumo informativo se ha desplazado aceleradamente hacia plataformas digitales, redes sociales y video en línea. Los medios tradicionales pierden terreno como fuente principal de noticias, especialmente entre los jóvenes, mientras crecen la fragmentación de audiencias y la “evasión deliberada” de las noticias (Reuters Institute, 2025).
En América Latina, este fenómeno se cruza con otro factor clave: la confianza. El informe de la Ocde sobre confianza e integridad de la información advierte que, aunque los medios siguen siendo más confiables que muchas instituciones públicas, una parte significativa de la ciudadanía se informa principalmente a través de redes sociales, donde la verificación y la calidad informativa no siempre están garantizadas (Ocde , 2025).
En Colombia el panorama es particular y no encaja del todo en esa narrativa del “fin” de los medios tradicionales. Según el Digital News Report Colombia 2024, pese a la mejora en el acceso a internet, la radio y la televisión continúan ocupando un lugar relevante en el consumo informativo, especialmente en regiones, zonas rurales y entre públicos populares y adultos mayores (Reuters Institute, 2024). Los datos del DANE refuerzan esta idea: la conectividad avanza, sí, pero las brechas territoriales y económicas persisten.
Y ahí aparece una verdad sencilla: la radio es barata, accesible y no depende de datos ni de dispositivos sofisticados. Funciona con pilas y acompaña al conductor, al campesino y al comerciante. La televisión abierta, por su parte, sigue siendo una presencia cotidiana en millones de hogares. Los periódicos, aunque golpeados, sobreviven.
Así que, más que hablar de medios en desuso, deberíamos hablar de medios en resistencia: medios que, lejos de desaparecer, siguen ocupando un lugar central en la vida real de muchas personas, incluso en plena transformación digital.
La pregunta queda abierta: ¿cuál es el medio tradicional que todavía habita tu casa, tu rutina o tu memoria? ¿La radio de las mañanas, la televisión del mediodía o algún aparato que hoy recuerdas con nostalgia, pero que alguna vez fue imprescindible?
Sin duda, una conversación que vale la pena seguir.