Entre balas y miedo, la guerra impide el regreso a clases en el Catatumbo; más de 700 estudiantes afectados

El inicio del calendario escolar en Norte de Santander avanza de forma incompleta, especialmente en la subregión del Catatumbo, donde la confrontación armada continúa impactando la vida cotidiana y el acceso a derechos fundamentales como la educación. En municipios como El Tarra y Tibú, el temor al reclutamiento forzado, las minas antipersonal y los enfrentamientos entre el Eln y las disidencias del frente 33 de las Farc ha llevado a numerosos padres a no enviar a sus hijos a las aulas.
Según el balance de la Secretaría de Educación departamental, la mayor afectación se concentra en 19 sedes educativas pertenecientes a cuatro instituciones de estos dos municipios. En total, 763 estudiantes no pudieron iniciar clases con normalidad, de los cuales 552, equivalentes al 72 %, corresponden a la Institución Educativa Filo El Gringo, donde 13 de sus 16 sedes permanecen sin clases presenciales por razones de seguridad.
Más de 700 estudiantes sin clases en el Catatumbo
En Tibú, aunque el impacto fue menor, la situación también resulta preocupante. En la Institución Educativa Rural Horacio Olave, sede Miramontes, 70 estudiantes no asistieron de manera presencial; en la Institución Educativa La Gabarra, sede La Paz, otros 42 alumnos se quedaron en casa, y en el Centro Rural La Libertad, 99 estudiantes de varias sedes no pudieron iniciar actividades. Ante este panorama, la virtualidad volvió a ser la alternativa, con envío de guías y tutorías por WhatsApp, mientras se espera un retorno seguro a las escuelas.

Pese a la baja asistencia estudiantil, los docentes continúan en territorio en medio de la incertidumbre. Leonardo Sánchez, presidente de Asinort, señaló que existe “una tensa calma”, ante el temor de incursiones armadas o retenes en las vías. Por su parte, el alto consejero de Paz, Luis Fernando Niño, advirtió que no se están respetando las escuelas como bienes protegidos por el Derecho Internacional Humanitario y alertó que, sin un cese de hostilidades, “así es muy difícil llevar una vida cotidiana en medio de la guerra”.