Opinión

Un adagio elocuente: Cereté, destino poético

Por: Andrés Felipe Reza Galván

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Siempre me he preguntado —por esas curiosidades humanas que parecen absurdas y un tanto inservibles— cómo nacen los adagios populares. ¿Quién conjuró las palabras por primera vez? ¿Quién las escuchó y las reprodujo con tal nivel de compromiso —como las y los chismosos de la cuadra— para que se extendieran a lo largo de la historia hasta volverse parte del imaginario colectivo de una nación? ¿Cómo fue, incluso, que ese adagio o refrán logró volverse internacional? No lo sé. Casi nunca están documentados.

Por eso vengo, quizá hasta en contra de su propia naturaleza, a intentar documentar —lejos de la precisión de la fecha y la hora— el adagio que surgió en Cereté y que he visto crecer, causándome una felicidad pasmosa, porque también yo lo he promovido, especialmente en los últimos dos años. Breve, pero certero y mágico: “Cereté, destino poético.”

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Un adagio que tiene la consistencia profunda del lenguaje; que no da cabida a equívocos ni vacilaciones; que es poesía en afirmativo y, lo más importante, se sustenta en la realidad. Es decir: cuando el río suena, piedras lleva. Ese río lleno de luchas invisibles que se repiten año tras año, durante treinta y dos años seguidos, y que solo hace un par de años atrás —digamos que cinco, para construir el relato— empezó a circular gracias al chispazo elocuente de su autora, quien no podría ser otra que Lena Reza García, la de nombre de río.

Ella, embebida en las mieles del Encuentro Nacional e Internacional de Mujeres Poetas de Cereté, proclamó, sentenció, anunció, declaró, pregonó —sin eufemismos ni mentiras— que Cereté, su tierra, nuestra tierra, se había convertido en un destino para la poesía.

Destino:

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  1. Consignación, señalamiento o aplicación de una cosa o de un lugar para determinado fin.
  2. Lugar o establecimiento en que alguien ejerce su empleo.
  3. Meta, punto de llegada.

La excelsitud del adagio proviene, justamente, de la robustez con que este Encuentro se corresponde con cada uno de los significados anteriores del término destino.

Es Cereté, en primera instancia, un lugar determinado para la poesía. Desde Raúl Gómez Jattin y su creación poética —teniendo las aceras, el río, las nubes de Cereté como punto de partida y, tantas veces, también de llegada para sus versos—, un Cereté de Córdoba desde donde Raúl dio a conocer al mundo este Valle del Sinú, y donde peregrinan visitantes buscando sus noches estrelladas / de espermas de fandangos.

En segunda instancia, está el Cereté donde Lena Reza y sus Ángeles Clandestinos ejercen su oficio: aquel que trae, año tras año, lo mejor de la poesía femenina del mundo. Un trabajo sin fisuras y de un nivel de apropiación sin igual, que riega con poesía los jardines de nuestro territorio. También, entendiéndose el Centro Cultural Raúl Gómez Jattin como el establecimiento desde donde nosotros —personas al servicio del arte y la cultura, por oficio, pero más aún por pasión— trabajamos en enaltecer y musicalizar su infraestructura con poesía.

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En tercera y última instancia, es Cereté —sus corregimientos y familias que acogen con fraternidad al Encuentro en sus Casas de Poesía— un punto de llegada para poetas, amantes de la palabra, nuevas voces femeninas en busca de consagración, diletantes, errantes, verseadores, románticos, bohemios, nostálgicos, estudiantes, despechados, profesores, alegres, congojados, curiosos, sensibles, valientes.

A este “Cereté, destino poético” también arribó una Administración Municipal dispuesta a anudar esfuerzos o, mejor, estrategias, para que los diletantes, errantes, verseadores, románticos y bohemios no solo encontraran la magia de la poesía en la poesía misma, sino que la descubrieran en las lucecillas que iluminan los senderos de murales; en las sombrillas de colores que sostienen las noches de luna cumbiambera; en la gastronomía que deleita los paladares y ayuda a deglutir la espesura de palabras que escuchamos en la voz de las poetas, y que, por momentos, nos dejan un tarugo en la garganta.

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Que encontraran, además, las garantías de poder caminar esos senderos y esas noches sin el miedo a ser atragantados por la inseguridad, el abandono o la indiferencia. Es muy probable que ese adagio popular termine con una extensión interpretativa que nos gustaría a todos: “Cereté, destino poético, cultural y gastronómico.”

Finalmente, “Cereté es un verso interminable y, sin embargo, es un lugar que existe”, diría la poeta española Ana Martín Puigpelat tras una de sus visitas al municipio. Logró poner en palabras un sentimiento colectivo de más de tres décadas, dando espesura al primer y único adagio popular al que he podido encontrarle la semilla: “Cereté, destino poético.”

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Y en ese adagio seguimos trabajando, para que continúe brotando como astromelias que remiendan las comisuras de nuestras almas.

 

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