Hay esperanza
Por: Orlando Benítez Quintero*
*Jefe de programa de Comunicación Social – Unisinú.
A veces pareciera que no la hay. Como cuando la Selección Colombia Sub-20 vuelve a quedar por fuera de la final del Mundial —esta vez en Chile— y otra vez, sí, otra vez, a manos de Argentina. Uno jura que ya no se va a ilusionar, que “esta vez no me pasa”, pero ahí está uno, mirando el televisor con la fe de que los muchachos le hagan el milagro. Y al final, nada. Pero, aunque no lo crean, hay esperanza.
Y no estoy hablando precisamente del fútbol —donde, por cierto, aún sobrevive la ilusión de que “el próximo torneo sí será”—. Hablo de algo más profundo, más cierto, más duradero: la esperanza que nace de los libros, de la palabra y de la gente que sigue creyendo en el poder de leer, pensar y conversar.
Porque mientras unos lloran por los goles que no fueron, en Montería sigue viva una fiesta que sí nos llena de orgullo: Un Río de Libros, la feria de la lectura que, contra toda marea, no solo se mantiene, sino que crece. Este 2025 volvió a su fecha natural de octubre, se abrió al departamento de Córdoba y logró lo que pocos eventos culturales pueden decir: convocar a más de 60 invitados nacionales e internacionales, y a más de 80 actividades entre charlas, talleres, lecturas, exposiciones, conciertos y espacios activos en la academia de la región.
Por primera vez, la Universidad del Sinú – Elías Bechara Zainúm se convirtió en una de las principales sedes académicas de la feria, acogiendo a figuras como Pilar Quintana, Patricia Lara Salive, Albio Martínez Simanca, Orlando Oliveros Acosta y Fernando Galindo, quienes llenaron el Auditorio Zenú de ideas, reflexiones y jóvenes curiosos. Ver a estudiantes universitarios y de colegios, docentes y amantes de la lectura participando, preguntando, riendo y dejándose tocar por las historias fue, créanme, una escena que devuelve la fe.
Esa es la verdadera victoria: que en una ciudad donde no siempre gana la cultura, esta vez ganó la lectura. Que en tiempos de pantallas y titulares efímeros, todavía haya quienes se detienen a escuchar, a leer, a pensar.
Por eso, aunque el fútbol nos deje con la moral por el suelo, yo insisto: hay esperanza. Está en las páginas que se abren, en las voces que dialogan, en los estudiantes que descubren un autor y se quedan con la inquietud de seguir leyendo. Y también está en una Universidad que entiende que la lectura no es solo un acto académico, sino un acto de futuro.
El balón puede seguir rodando, pero los libros —esos sí— siguen navegando por este río de cultura y conocimiento.