Opinión

Dizque loco

Por: Orlando Benítez Quintero

Los medios y los periodistas vivimos expuestos a la crítica, pero ciertamente no todas nos llegan de verdad. En estos días vi una rueda de prensa de Marcelo Bielsa, el entrenador argentino al que llaman ‘El Loco’ pero que, cuando habla, parece filosofar.

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Le preguntaron por Lamine Yamal, el joven astro del Barcelona, criticado por un gesto que dio la vuelta al mundo: al celebrar un gol, se puso con las manos una corona imaginaria sobre la cabeza. Para muchos fue una actitud de sobradez, suficiente para alimentar titulares estridentes. Bielsa, sin embargo, dio otra lectura: recordó que el entrenador de España dijo que lo que Yamal representaba no era una corona, sino “un sombrero de mago”.

Su respuesta de fondo no atendió el libreto fácil ni con el manual diplomático, no. Tomó aire, pensó y dijo: “Cuando reducen todo a un gesto, a una mueca, a un titular llamativo, pierden la esencia”.

Con esa calma que siempre obliga a escucharlo, fue más allá: “El periodismo está lleno de frases cortas que no explican nada. Y si no explican, entonces engañan”. Duro, pero su tono no fue de reproche, sino de clase magistral. Usó al futbolista como excusa para hablarnos de algo mayor: el espectáculo vacío en el que se convierte la noticia cuando importa más el ruido que el sentido.

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La escena fue un espejo del periodismo ligero de hoy. Bielsa nos recordó que muchas veces elegimos la polémica antes que el análisis, la espuma antes que el café. “Un titular puede vender mucho, pero si detrás no hay contenido, es una estafa”, sentenció.

Su crítica, aunque nacida en el fútbol, nos toca a todos los periodistas. También a los consumidores de medios, que abrimos una noticia que promete y descubrimos que no hay nada. La decepción se repite y, sin embargo, seguimos cayendo.

“El Loco” lo resumió en otra frase contundente: “No hay peor engaño que hacer creer que se informa cuando en realidad se entretiene”. Y ahí está el meollo del asunto: informar no es lo mismo que entretener.

Escucharlo es aceptar que la urgencia del clic no puede vaciar de contenido la historia. Que no basta con que nos lean o nos miren: el verdadero reto es dejar huella, aportar algo que sirva.

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La enseñanza que nos deja Marcelo Bielsa no es contra el periodismo, sino contra la renuncia al sentido y a los principios del oficio. La próxima vez que redactemos un titular, conviene preguntarnos: ¿estamos iluminando al lector o apenas vendiendo humo?

*Jefe de Programa de Comunicación Social – Unisinú.

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