La época de fin y comienzo de año se ha convertido en un período crítico debido al uso y manipulación de pólvora, que representa un alto riesgo para la salud y la seguridad. Por ello, la Secretaría de Desarrollo de la Salud del departamento ha intensificado sus esfuerzos para reforzar la vigilancia y el control en los municipios, con el apoyo de los alcaldes y alcaldesas.
Entre los artefactos explosivos más comunes destacan el “tote” o “traqui traqui” y “la carpeta”. Aunque muchas personas los consideran inofensivos, estas creencias son erróneas. “Estos artefactos, vistos como de bajo riesgo, pueden causar daños graves. En un caso reciente, un niño de 6 años en Colombia murió por intoxicación relacionada con estos productos”, explicó Marco Támara Burgos, secretario de Salud
Hasta el 26 de diciembre, se han registrado 33 personas lesionadas por manipulación de pólvora en el departamento. Según Támara Burgos, un patrón recurrente en estos incidentes es el consumo de alcohol. “Se observa que las personas que manipulan pólvora han ingerido licor, o que los niños afectados están bajo el cuidado de personas en estado de embriaguez”, señaló. Por esta razón, hizo un llamado urgente a la ciudadanía, así como a los alcaldes y secretarios de Salud, para intensificar la vigilancia y promover la prohibición del uso de pólvora.
Los explosivos que contienen pólvora y fósforo blanco, como el “traqui traqui”, no solo provocan lesiones físicas sino también intoxicaciones graves. “Ninguna pólvora es inofensiva. No manipulemos pólvora”, insistió el funcionario.
Durante diciembre, la Secretaría de Desarrollo de la Salud ha desarrollado diversas campañas para concienciar sobre los riesgos de manipular pólvora. Estas actividades han incluido talleres lúdicos e informativos dirigidos a padres, cuidadores, adultos y niños, con el objetivo de prevenir accidentes y salvar vidas.
La manipulación de pólvora sigue siendo un problema de salud pública que requiere la colaboración activa de las autoridades y la comunidad. Las festividades pueden celebrarse sin poner en riesgo la vida de las personas, especialmente la de los niños.