En tiempos de locura
Fuerza a todos aquellos que conviven con sus demonios y salen adelante, fuerza a las familias de aquellos que han decidido irse. A los demás, les invito a que se levanten y luchen.
Algunos manifiestan que estamos en tiempos de locura o seguramente en la no tan maravillosa época de los corazones y mentes de cristal. Muchos vuelan, como dijo el compositor Luis Egurrola, con alas hechas de ilusiones que no pudieron realizar. En el intento por explicar las razones porque la vía del suicidio es la más eficiente, algunos narran que son vías propias de la ausencia de fuerza, de la falta de huevos. Nunca escuchamos
que es por la falta de ovarios, lo cual solo nos lleva a pensar que lo que está mal es no tener un espíritu varonil suficientemente dotado de fuerza, gallardía y masculinidad, el cual permite tragar y tragar, sin pretender nunca explotar.
El enfoque de la psicología y la psiquiatría no han hecho tránsito a las nuevas generaciones y a las debilidades, actuales, del ser, se ha quedado en una anomalía constante, y más en la zona caribe de nuestro país, lo cual lleva a que aquel que no sienta su cabeza en orden,es alguien frágil, carente de valentía, sin huevos y sin fundamentos de vida. Mucha razón tenía el escritor Mario Mendoza cuando dijo: “La verdadera pandemia no fue el Covid-19,
sino los problemas mentales”.
Puedes pasar todos los días de tu vida luchando con un cáncer, siendo preso de la insulinao de pastillas para la presión o la tiroides, pero no hay pecado más grande que tomar ansiolíticos, o cualquier pasta psiquiátrica, porque esos que los toman, son los locos. Aún no hemos entendido que nuestro cuerpo simplemente se manifiesta con ausencias y necesidades, y el tener que tomar pastillas propias de la psiquiatría es exactamente lo
mismo que para regular cualquier otra enfermedad o comorbilidad.
Fuera de hablar que solo la ausencia de huevos es lo que lleva al suicidio, hablemos del cansancio, o del matoneo. Hay días donde nuestro cuerpo, sencillamente, decide no pararse de la cama, donde el cansancio desbordante es la barrera para salir al mundo, y es aquí donde empiezan a surgir aquellos que parecen inmortales, los que afirman no cansarse, los que tienen una mente prodigiosa, los que parece que se recargan cuanto más trabajan, esos que manifiestan que si no aguantas la presión, si te cansas, debes irte
porque ese no es espacio para ti. Muchos al verse encerrados en todo esto ven entreabierta la puerta a la muerte, a tomar en sus propias manos la voluntad y el deseo de no vivir más.
Hace unos días, atentamente leí una nota de despedida de una residente de medicina, de una prestigiosa universidad de nuestro país. Ella dejaba consignado en este papel el anheloporque sus compañeros, otros médicos residentes, pudieran con toda la presión que debían soportar.
Es imposible, por estos días, no responder a comentarios como: “Si no iba a aguantar la carrera para que se metió”, expresiones que dejan entrever la frialdad del ser humano, frialdad que llevó a un matoneo inacabable en otra universidad, donde también un estudiante de medicina, becado, desesperado por una persecución de sus compañeros decidió acabar con su vida.