Opinión

Repensar las manifestaciones culturales

El Departamento de Córdoba posee una riqueza cultural diversa y plural; característico del mestizaje, talento y cosmovisión del hombre cordobés; manifestado a través de las fiestas patronales y festivales que expresan las manifestaciones culturales con creatividad, tradición e identidad cultural. Muchas manifestaciones culturales difunden la cultura del consumismo en amplios sectores de la población, desconociendo el contenido, sentido y arraigo cultural que encarnan; por consiguiente, esta forma de proceder no genera conciencia cultural. Continuar concibiendo las manifestaciones culturales como simple producto de consumo y, con la única finalidad de convertir dichas manifestaciones en negocio, es transformar la identidad autóctona de los pueblos en un producto mercantil.

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Córdoba tiene innumerables expresiones culturales donde se destacan: el “Festival Nacional del Porro”, el bullerengue, fiestas patronales y corralejas, entre otras. Cabe señalar que, recientemente finalizó la edición número 47 del Festival Nacional del Porro; en cuyo certamen, la Universidad de Córdoba fue homenajeada; al igual que, el maestro Rafael Coy Pereira, a quien Unicórdoba otorgó el título de “honoris causa” en calidad licenciado en Educación Artística.

Valga decirlo, en este festival donde percibimos la alegría del pueblo volcado en las calles del municipio de San Pelayo bailando en parejas al son de los llamados porros “palitiao, tapao o sabanero; todo esto, en medio de una desbordante alegría que convoca e integra a sus habitantes alrededor de este género musical; siempre presente en las celebraciones y fiestas populares de los pueblos del Caribe; convertido hoy en un referente que define la identidad y cultura del pueblo pelayero y cordobés.

Esta manifestación cultural, como muchas otras, recrea y alegra la vida de la gente; evidenciando la nobleza y el espíritu laborioso y fiestero de quienes la gozan; pero todo este jolgorio popular, no alcanza a ocultar la inequidad y pobreza en que viven; porque representa en su esencia un grito de libertad desde la música, la cultura y el arte; pueblos que históricamente han resistido y expresado con talento, tradición y creatividad su identidad y derecho a subsistir.

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El Festival Nacional del Porro, se ha convertido en ejemplo de manifestación e identidad cultural; no obstante, necesitamos pensar en la forma de promover una cultura de desarrollo, generadora de conciencia e identidad; haciendo de la cultura una fuerza liberadora para la transformación social. Quiero indicar, que, no solo se trata de conservar las manifestaciones culturales en la dimensión del consumismo; utilizando la cultura como un medio para mantener a la población conforme, domesticada e irreflexiva; como lo expresó el poeta satírico Juvenal en la frase “pan y circo” queriendo decir que, gran parte de la población solo necesita cubrir sus necesidades primarias y divertirse.

La realidad social donde emergen las manifestaciones culturales muestran, que la alegría y euforia vivida los días de las festividades contrasta con la pobreza e inequidad. Poblaciones marcadas y determinadas por altos indicadores de pobreza multidimensional, acompañadas de la hospitalidad y nobleza de su gente; históricamente abusada.

Por consiguiente, es necesario ser respetuoso con las manifestaciones culturales, repensarlas en términos de cultura del desarrollo; donde el centro de atención debe ser la gente. Las manifestaciones culturales no pueden ser utilizadas para control y adormecimiento social. Necesitamos la cultura como cultivo de pensamiento, progreso, desarrollo y bienestar social. *Rector de Unicor.

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