Opinión

Feria Ganadera, reactivación agrícola para el país

Por Carlos Ordosgoitia Sanin

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Sin duda nuestra región es una de las joyas agropecuarias más importantes del país. Su riqueza natural, variedad de suelos, clima favorable y recursos hídricos sitúan a Córdoba como una auténtica despensa para la región.

 

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Córdoba es el epicentro y un pilar fundamental para asegurar la producción agrícola de alta calidad, lo que contribuye significativamente en el desarrollo rural, generando empleo y fomentando el bienestar de las comunidades locales.

 

La economía del país y la seguridad ciudadana empieza por asegurar de manera crucial la seguridad alimentaria del país y con el propósito de impulsar el comercio exterior con exportaciones de calidad a diferentes rincones del mundo.

 

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Durante las últimas décadas Córdoba ha evolucionado en el país, con la adopción de tecnología e innovación en sus procesos agropecuarios de cara a ser más competitivos. Por supuesto, hace falta mayor inversión en investigación, desarrollo y capacitación técnica para permitir que los productores incorporen métodos modernos de cultivo y cría, garantizando así productos de alta calidad y mayor competitividad en mercados nacionales e internacionales.

 

Lo que debe ir de la mano con políticas que deben enfocarse en mejorar la calidad de vida de los pequeños y medianos productores, facilitando su acceso a recursos esenciales como crédito agrícola a bajos intereses, seguros de cosecha y programas de capacitación técnica.

 

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Es vital promover la asociatividad y cooperativismo entre los campesinos, fortaleciendo sus capacidades de negociación y acceso a mercados y es crucial asegurar la infraestructura adecuada, como vías de comunicación, centros de acopio y tecnología agrícola, que permitan a los campesinos incrementar su productividad.

 

Todo este trabajo acompañado de incentivos fiscales y programas de subsidios que alienten prácticas agrícolas sostenibles, garantizando que el desarrollo económico se traduzca en un bienestar duradero para las comunidades rurales y se replique este modelo en todas las regiones de Colombia.

 

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Sumándose a todo ello un juicioso proceso de legalización de tierras como una prioridad política y social. La formalización de la propiedad de tierras a los campesinos no solo proporciona seguridad jurídica, sino que también abre un abanico de oportunidades cruciales para su progreso.

 

Con la tenencia legal de sus tierras, los productores pueden acceder a procesos de tecnificación para incrementar la productividad y eficiencia de sus actividades. Además, facilita el acceso a capital semilla y a créditos blandos, instrumentos financieros que permiten realizar inversiones en infraestructura, adquisición de maquinarias modernas y mejora de técnicas de cultivo. Facilidades financieras que estimulan la innovación y el crecimiento sostenible.

 

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De esta manera, podremos construir un futuro más próspero y equitativo para la región, donde las zonas rurales se conviertan en el pilar del desarrollo de la Colombia que todos nos merecemos.

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