Opinión

¿Lo mas bello y lo más difícil?

Una vez en una entrevista que me hicieron en un diario local, en 2018, después de la primera edición de Génesis, cuando estábamos de moda y en todos los medios publicaban las noticias sobre la feria, siempre hablando de lo positivo, me preguntaron: ¿Qué es lo más bonito y lo más difícil de Génesis? Mi respuesta de inmediato fue: ¡La gente! La gente es lo más bello y lo más difícil.

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Si hoy, seis años y más de 24 ferias después, me preguntaran lo mismo, mi respuesta sería idéntica. Lo más bello es la gente, lo más difícil es la gente. Convocar, organizar, crear, montar logística es muy fácil. Lo verdaderamente difícil son las personas, especialmente aquellas que se esconden detrás de pantallas, competencias, odios y/o emociones negativas propias o ajenas, dedicándose única y exclusivamente a destruir. Lo más bonito y gratificante no es salir en los diarios o recibir felicitaciones, lo más bello también son las personas, esas que multiplican todo lo bueno, las que agradecen, valoran y honran el trabajo individual y colectivo, que, por cierto, siempre son mayoría, solo que como digo siempre: “El mal hace más ruido”.

¡La gente, la gente! Siempre habrá los que nos admiran sinceramente, los que no nos soportan, pero disimulan muy bien y nos damos cuenta, cuando volteamos la cara después de despedirnos y sin querer les pillamos con las pupilas contra las cejas, con ese gesto de fastidio que lo dice todo. Los que nos odian descaradamente, a veces con razones y otras sin ellas, los que nos quieren de verdad y corren cuando los necesitamos y cuando no, también. Hay cariños frágiles como huesos de viejitos que no sobreviven a una caída de la vida y otros cuya aproximación depende de lo mucho o poco que nos necesiten, de lo mucho o poco brillemos, hay quienes sin conocernos nos hacen reír sin parar tratando de curarnos las heridas del alma que intuyen sin verlas y los que nos conocen tanto que usan cruelmente nuestras debilidades para hacernos llorar. Hay quienes con sus palabras ponen en alto nuestros nombres, así no los estemos escuchando, y otros que las usan para cortarnos las alas, pronunciándolas justo ahí donde no estamos para defendernos. Los que ven nuestra oscuridad e intentan apagar el esfuerzo que hacemos por salir de ella, y los que ven solo la luz y se bañan con cada rayito que irradiamos, alimentando así sus propias debilidades y enjuagando sus miedos con la fuerza que les damos.

Hay quienes nos ayudan a ser mejores personas y los que preferirían que seamos peores y se dan a la tarea de crearlo, diciendo o a otros todo lo negativo que nos ven o que se imaginan.

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El ser humano es complejo y contradictorio, se mueve entre dos esencias: la del amor y la del ego, la del bien y la del mal, la de la sombra y la claridad.

Cada vez que esto me cae de golpe y no logro entender la satisfacción de algunos, de hacer mal a otros, recuerdo aquel fragmento de “La desiderata” que mi madre me leía desde niña:

“… Mantente en paz con tu alma en la ruidosa confusión de la vida.
Aun con todas sus farsas, cargas y sueños rotos,

Este sigue siendo un hermoso mundo. Ten cuidado y esfuérzate en ser feliz“. Max Erhmann.

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