Opinión

¡Gracias Montería!

Por Carlos Ordosgoitia Sanin

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Alcalde de Montería

Cuando asumí el mandato popular como alcalde de los monterianos, vislumbré un futuro alentador, y de la mano del Gobierno de la Gente comenzamos a construir lo que sería la Montería Grande, constituyendo una gigantesca red de vasos comunicantes que nos permitió la integración de un tejido social comprometido con nuestro plan de desarrollo como  paso fundamental para la toma de decisiones correctas.

Logramos transformar la creación imaginaria de mundos concebidos desde los anhelos y deseos, en un mundo real y distinto en el que afloró lo mejor de la condición humana y en el que rescatamos valores sustantivos del ser humano.

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Gobernar para propender por el bienestar de los monterianos ha sido el mayor honor que he ostentado en mi vida pública. Hoy cuatro años después de que la ciudadanía me otorgara la magna responsabilidad de dirigir su destino, acepté el compromiso de manera responsable y sincera; en el Gobierno de la Gente no escatimamos esfuerzo alguno en trabajar por todos los monterianos, y conquistando entornos resolvimos problemas, alcanzando metas y los máximos objetivos propuestos: construir una mejor ciudad, más equitativa, inclusiva y con mayor desarrollo social. En el Gobierno de la Gente, sentimos la tranquilidad del deber cumplido.

Los sentimientos que me motivan a escribir estas líneas son de agradecimiento, con Dios y los monterianos; alegría por la consecución de los objetivos que nos trazamos y hemos cumplido, además de ser un gobierno empático que trabajó con la gente de principio a fin, y nostalgia, no del poder, sino de querer seguir trabajando y sirviendo.

Haber logrado sacar adelante decisiones trascendentales para la gente de Montería es una sensación maravillosa. Consolidar una Montería Grande para los monterianos ha sido una ardua tarea que hemos cumplido gracias a la confianza y el trabajo que hemos adelantado con la gente. Ustedes han sido los grandes protagonistas del crecimiento que ha tenido la ciudad.

Nuestra responsabilidad cuando iniciamos este camino no era solo la de planificar y ejecutar proyectos. Nuestra responsabilidad era además la de empoderar al campesino, a la madre cabeza de familia, al adulto mayor, al líder comunitario, a los miembros de las comunidades étnicas, a la Fuerza Pública, a los grupos minoritarios, a cada hombre y mujer de nuestra amada ciudad. A quienes les damos las gracias por confiar y trabajar hombro a hombro con nosotros.

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Afrontamos grandes retos, las dificultades las convertimos en oportunidades para mejorar la calidad de vida de miles de habitantes de la zona rural, la margen occidental, el sur o el norte norte. Impulsamos de manera espléndida grandes cambios que nacieron de la mente, pensamientos y deseos de cada ciudadano y entendimos que para que la ciudad avanzara era necesario partir del sentir de las comunidades, razón por la que cada obra y cada inversión fue el producto de la voluntad de la gente.

Le apostamos a una planificación estratégica para la recuperación de la economía, con la mirada puesta en la innovación, la competitividad, la microeconomía en los barrios, la igualdad social y la seguridad en las calles. Visión que hoy cobra sentido con las extraordinarias cifras que tienen a Montería como una de las ciudades de mayor proyección del país.

En estos años hemos sido fieles a la permanente comunicación con los ciudadanos, a la constante presencia en barrios y corregimientos, a siempre estar dispuestos a escuchar a los monterianos sin reparos ni distinciones. Trabajar por la gente ha sido el mayor aliciente y la energía que en todo momento nos motivó a luchar incansablemente para que los monterianos tuvieran mejores oportunidades y para que todos estuviéramos bien.

En nuestras mentes y corazones quedarán grabados para siempre los abrazos, las lágrimas de felicidad y cada manifestación de cariño de los monterianos que confiaron en nosotros, a quienes podemos decirles que no los decepcionamos porque les devolvimos la esperanza y la alegría, así como la confianza al ver una ciudad más equitativa y próspera.

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Ha sido maravilloso llegar a cada rincón urbano y rural y sentir ese saludo desinteresado y solidario de los ciudadanos. Hoy los miramos a los ojos para reafirmarles que nuestra visión siempre fue Montería, en su contexto, en su diversidad, en sus vertientes y en sus dinámicas. Montería siempre estará por encima de todo y será esa luz que nunca se apaga, razón por la que en donde quiera que esté siempre, siempre, seguiré trabajando incansablemente por los monterianos. De corazón, les deseo un próspero año nuevo lleno de esperanza, ilusión y alegría.

No me resta sino decirles: ¡Gracias Montería de mi alma!

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