Opinión

Doctorado “Honoris Causa” al Presidente de Colombia

Por: Jairo Torres Oviedo, Rector de la Universidad de Córdoba

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El pasado 31 marzo, en el claustro la Merced de la Universidad de Cartagena, el Consejo de Rectores del Sistema Universitario Estatal del Caribe, SUE Caribe; de forma unánime, con base en la reglamentación y normas que nos regulan, concedió el título de Doctor “honoris causa” al señor presidente de la república, Gustavo Petro Urrego; honoris causa es una locución latina cuyo significado es: << por razón o causa de honor>>. Se otorga como un honor, para reconocer el mérito y la valía de una persona.

Comparto con ustedes, partes de la reflexión que se hizo en la ceremonia de graduación; llena de simbolismos. Por un lado, hacerlo en el lugar donde reposan los restos mortales de un colombiano caribe e inmortal, como lo sigue siendo, Gabriel García Márquez; un claustro que representa la casi bicentenaria Universidad de Cartagena fundada por dos grandes próceres: Bolívar y Santander, como un proyecto emancipatorio en la naciente república que incluye a Cartagena de Indias; sinónimo de rebeldía y libertad.

Señor presidente, este Doctorado honoris causa que le otorga el SUE Caribe, conformado por las ocho universidades públicas del Caribe colombiano es un reconocimiento oficial a su liderazgo, inteligencia, principios y convicciones, que le han permitido forjar una vida de lucha al servicio de la justicia y la reivindicación de derechos que forjen una sociedad digna. La generación pasada y presente que, reivindicó y luchó por hacer realidad utopías sociales, encuentra en usted, un referente de ideales transformadores.

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Muchos miembros de esas generaciones; en su mayoría jóvenes, murieron en ese intento que usted representa y reivindica. Por ello, su elección como presidente de Colombia marca un momento de la historia que deberá escribirse con los cambios de un orden social cimentados sobre la justicia, la dignidad e inclusión. Nuestra historia ha tenido una génesis y evolución oscurecida por una violencia perpetua que, inicia en la conquista, pasa por la Colonia y transita por la independencia; lo cual, conformó la república. Una historia de tensiones, luchas y constantes guerras; evidenciando la incapacidad de edificar una nación donde quepamos todos.

Señor presidente, usted posee una carta de navegación que le entregó el pueblo colombiano, una misiva que orienta el rumbo de este país, que está siendo movida por todo tipo de vientos que la sacuden de un lado a otro; pero su liderazgo y capacidad deben llevarla a puerto seguro. Necesitamos la reformas y cambios postergados; una sociedad se realiza cuando se garantice el goce de derechos, que dignifique la vida de la gente; sin derechos no hay justicia social y sin justicia social no existe dignidad humana. El referente para esa justicia es la educación.

Por consiguiente, necesitamos señor presidente: llevar 500 mil nuevos jóvenes al sistema de educación superior, reformar los Artículos 86 y 87 de la Ley 30, que permitan un nuevo modelo de financiamiento y sostenibilidad de la universidad pública; regionalizarla con enfoque territorial, que este derecho llegue a las regiones geográficas donde el indicador de cobertura es bajo. Modernizar, ampliar y fortalecer la infraestructura física y tecnológica de las universidades púbicas; integrar la educación básica y media con la superior. Porque el verdadero nombre de la paz es la educación.

 

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