Opinión

No subestimemos el arte y la cultura

Por: Xavier Javier Pérez Fernández

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Hace tres años aproximadamente, atravesamos una pandemia la cual nos dejó muchas enseñanzas tanto positivas como negativas que no debemos olvidar. Una de las que considero positivas y de las que poco se ha hablado, es la valoración al trabajo artístico, reconociendo y apreciando tanto el talento como el trabajo arduo de actores, cantantes, bailarines y demás artistas que se esfuerzan día a día para captar la atención y el gusto del público, el cual es tan diverso y lograr proporcionar
entretenimiento y diversión.

Los colombianos tenemos infinitas razones para vivir llenos de orgullo, entre ellas tenemos a esos compatriotas exponentes del arte que gozan de un reconocimiento internacional a su talento, pero esto debe estar acompañado también de un reconocimiento que dignifique la entrega y el sacrificio de quienes hacen que la cultura y el entretenimiento genere emoción y despierte pasiones.

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En mi calidad de joven exponente y admirador del arte y la cultura, quiero resaltar tres de tantos aspectos sobre los cuales considero que debería tomarse conciencia, atendiendo a que podrían estar atentando contra la integridad del entorno artístico cultural; así como plantear posibles soluciones:

1. Creamos en los jóvenes.

El joven puede querer explotar sus aptitudes y canalizar toda esa creatividad y energía que muchas veces no son otra cosa que la búsqueda de un sueño. Pero como sociedad creemos en la fama y no en el talento, es decir, sólo después de que alguien logre posicionar sus virtudes le prestamos atención, dejando de lado a todos aquellos que lo intentan y que, aunque los acompañe el talento, no cuenta con la suerte o las relaciones necesarias.

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Si seguimos midiendo a los artistas exclusivamente por su exitismo, los jóvenes estarán cada vez menos estimulados para querer desarrollar lo que los apasiona. Cuando deberían proliferar los escenarios y programas que depositen su confianza en ellos.

Si creemos y apoyamos el talento desde sus inicios, la fama vendrá consigo.

2. No más vanidad.

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Me parece loable que se hagan festivales y eventos que quieran resaltar nuestras costumbres y cultura, pero no tienen trascendentalidad porque no gozan de un objetivo claro más allá de cumplir aparentemente y por encima con un plan nacional, pues, si el protagonismo no está en los artistas, emprendedores, gestores culturales y guardianes de las tradiciones, y solo radica en dirigentes que por cuestiones de ego y cálculo político renombran lo que se venía haciendo año tras año, no vamos a conseguir la apropiación de la ciudadanía, ni la notoriedad como ciudad para que nos visiten desde otros lares y se afecte de forma positiva el turismo.

Necesitamos dirigentes que comprendan que el arte y la cultura son temas de políticas de públicas, ya que trascienden los mandatos y no la ocurrencia de cada gobierno. Que los festivales, ferias y fiestas de nuestra ciudad no figuren entre los eventos más reconocidos del país es una muestra de una mentalidad cortoplacista y limitada de las autoridades ejecutivas a lo largo del tiempo.

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3. Profesionalización.

Dicen que los mejores homenajes se hacen en vida, pero mejor que eso es que los artistas y gestores sean tratados como tal, como profesionales de la cultura. Es sumamente decepcionante que personas que dedicaron los años más productivos de su vida a la entretención y valores sociales, tengan un ocaso lleno de afugias.

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Reconozco que existen avances en materia de auxilios económicos para el sostenimiento en la vejez de estos
personajes, pero sigue siendo insuficiente.

Profesionalizar estas labores es hacer carrera y conseguir la suficiencia necesaria con años de trabajo para un retiro decoroso. Esto se consigue si el trato recibido tanto por empresarios, particulares y entidades estatales para con los artistas y gestores no se reduce a cuestiones accesorias y eventuales.

El arte nos gusta a todos, pero no lo hacen todos. Valoremos los que tienen este don para nuestro disfrute.

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