Opinión

Profesión peligro

Por: Víctor Daniel Hernández

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ENTIENDAN, los abogados y en especial los penalistas, que son los más atacados, defienden personas, derechos y garantías, NO DELITOS.

– Martín Riascos, abogado de Jhon Poulos presentó su renuncia en medio de la audiencia de medida de aseguramiento, argumentando que ha recibido amenazas de muerte por redes sociales, llamadas telefónicas y de manera personal.

– El jueves 2 de febrero se produjo un atentado en Barranquilla a Orlando Torregrosa, abogado penalista y se encuentra en unida de cuidados intensivos por dos impactos de bala.

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– En enero atentaron contra un abogado en Cúcuta mientras estacionaba el carro en su vivienda, recibió varios impactos de bala y fue trasladado a una clínica, su estado de salud es reservado.

Noticias como estas son el diario vivir en un País como Colombia, donde los ciudadanos viven en un constante enfrentamiento y/o conflicto entre la ética y la moral, alejándose del derecho penal puro y duro.

Este escrito no es más que un alegato a favor de los abogados penalistas y una crítica a la sociedad: su principal verdugo. En primera instancia hay que dejar claro que ser abogado defensor no es igual a ser defensor del crimen, es algo que la mayoría de las personas no comprenden y ayudan a alimentar el odio hacía los abogados, haciéndolos ver inclusive como cómplices y hasta como autores de los delitos más macabros y detestables que se puedan imaginar.

Si los defensores no existieran, no tendría soporte un estado social de derecho como el nuestro, esto se convertiría en un caos total, el retroceso sería tan inverosímil que llegaríamos a códigos casi que cavernícolas, como por ejemplo, el de Hammurabi: ojo por ojo, diente por diente y en donde las decisiones judiciales serían tomadas bajo el criterio de las mayorías y no por un proceso justo y garante.

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Las personas tienen que interiorizar que un acusado sin defensa es todo lo contrario a democracia, el odio hacía la defensa no puede seguir en este país tan violento como el nuestro, la sociedad cree tener el rol de juez y así no es, primero tienen que aprender lo básico y es diferenciar los términos abogado/procesado, algo vital para poder seguir desenvolviéndonos como una nación estable pero sobre todo democrática.

No entiendo con que finalidad amenazan de muerte a un defensor, si lo que quieren lograr es una condena más fuerte al judicializado, pues la están embarrando, lo único que logran amenazando al abogado y a su vez haciendo que se retire del caso, es dilatar más el proceso y darle más cabida al indiciado para encontrar una salida jurídica a su problema.

Por último me gustaría hacer un llamado a la Unidad Nacional de Protección, que por favor garanticen la vida de estos profesionales y no solo los atiendan cuando las amenazas sean proferidas por grupos al margen de la ley, todas cuentan, hasta las “pequeñas amenazas” en redes sociales y todas son un peligro inminente. S.O.S

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